martes, 11 de septiembre de 2012

Día de Paintball

 
 
Este verano decidimos a ir a un PAINTBALL.

¿Que qué es eso? Sencillo: dícese de un lugar en pleno campo donde se coloca un atrezzo simulando varios campos de batalla (a saber: Vietnam, Kosovo, El Llano, El Bosque…) donde una panda de idiotas se lían a tiros unos contra otros (o unos contra unos y los otros contra otros y es que muchas bajas son provocadas por fuego ¿amigo?) con bolas de pintura que TE JOROBAN VIVO y te llenan de cardenales.

Cuando el joven encargado del paintball nos conferenció con aquello de “la adrenalina a flor de piel” y tal y tal… pues como que a mi me pareció que estaba haciendo el artículo… ¡Vaya! “merchandising del güeno” o que simplemente te estaba dando la respuesta lógica a la ineludible pregunta que surge en tu interior como la de “¿Para qué coños me he metido yo hoy aquí?" o "Pero bueno, ¿no tenemos ya una edad?" o "¿No estaría mejor gastándome este dinerito en unas cañas en el chiringuito de la playa?”… pero no, resulta que ¡¡ES VERÍDICO!! Todo el mundo pierde el norte y tus compañeros, de repente, se creen Arnold Swartznegger, Silvester Stallone, La Teniente O’Neil y… ¡¡NORMAN BATES!!

Se les pone jetos de psicópatas asesinos y se lían a tiros con cualquier cosa que se mueva (o que no… o que se esconda… o que respire…)

Las reglas eran claras: si te daban un balazo (y os lo aseguro: ¡¡TE ENTERABAS PERFECTAMENTE!!) tenías que gritar: “¡MUERTA!” o “¡Muerto!” o “¡Eliminado/a!”… (aunque a veces no podías evitar chillar “¡Tu puta madre, cabrón!”) lo malo es que en la mayoría de las ocasiones lo mejor era CHILLARLO ANTES DE QUE TE DIERAN porque los enemigos en tal tesitura no te matan simplemente… no… ¡¡SIEMPRE PREFIEREN REMATARTE!! Es decir, que tras la bala de gracia te caían siempre cuatro o cinco más.

Lo peor, desde luego, es declararte eliminado en un tono normal. En nuestro grupo, por ejemplo, estaba el hombre tranquilo (tipo John Wayne) discreto a la par que elegante que no gritaba, ni chillaba, ni aullaba, maullaba o bramía. El pobre de él abría la boca (no se le oía nada de nada entre tanta voz y tanto tiro) y, de repente, salía del escondite y se dirigía pacíficamente hacia el hospital o a la jaula de los eliminados… Tú, después de preguntar “¡¿Ande va ese degggraciaooo?!” ante la incertidumbre lo tiroteabas sin piedad hasta que él levantara las manos en actitud de redención farfullando un ligero “¡Aaau!”.

Luego, inevitablemente, siempre hay momentos de duda. No me estoy refiriendo a aquellos en los que surgen preguntas como “¿Qué estoy haciendo con mi vida?; “¿Cómo he llegado hasta aquí?”; “¿A quién se le ha ocurrido esta genialidad?”; “¿Quién me mandaría a mí hacerte caso?”… No. Sino a esos en los que te pones a dar tiros a un pobre infeliz que te dice: “¡¡Joder, que soy yo, gilipollas!! ¡Que soy de tu equipo! ¡Que venía a rescatarte!”

O aquella otra que chilla: “¡MUERTA!” pero muy muerta no tiene que estar porque la jodía no hace más que baldarte a balazos… “A ver…, ¿muerta tú o muerta yo?” y te grita cual posesa con encomiable vivacidad: “¡Muerta, estás muerta!”. A veeeeeeeeeeeeeeeer…, hablemos con corrección, oiga. No se dice “¡Muerta!”. En una situación como esa se dice: “¡Muere, so puta!” O “¡Date por fusilada, zorra!” o cualquier otra cosa que te haga enterarte de que tienes que poner tierra de por medio y correr como Forrest Gump.

El sitio se llama Adrenalicia, está en O Grove (Pontevedra, Rías Baixas) hay otro en Algete en Madrid y está en el Facebook. A pesar de que en muchos momentos “no sintáis las piernas” y os acordéis de mis muertos… os lo recomiendo.

Oye…, cosas peores, como las meigas: haberlas, hay las, ¿eh?, imaginad si os visten de conejito para el día de vuestro cumple o vuestra despedida de soltero y os tienen que acribillar a balazos todos vuestros acompañantes.