sábado, 18 de abril de 2009

La venganza será terrible... o no tanto


El texto que, a continuación, copio y pego, seguro que lo habéis leído en más de una ocasión. Prestad atención (no tiene desperdicio):

Una pareja de novios lleva tres años saliendo, pero ella debe abandonar su país para hacer un master de estudios en Inglaterra, donde quiere perfeccionar su inglés.
Tras un penoso año sola y añorando mucho a sus amigos, familia y, sobre todo a su novio, Luis (del que nunca recibe ni una triste llamada) Al fin, le sorprende una carta de éste:
"Querida Ana:
Ya no puedo continuar con esta relación.
Sé que te animé a que te marcharas para que progresaras y entre los dos llegáramos a construir un buen futuro que compartir juntos, pero la distancia que nos separa es demasiado grande.
Tengo que admitir que te he sido infiel cinco veces desde que te fuiste y en una de las ocasiones fue con tu amiga María. Eres una buena persona y no creo que merezcas esto. Lo siento muchísimo, de verdad.
Por favor devuélveme la foto que te di. A María le encantaba y no encuentro el negativo.
Con cariño, Luis."
Ana, tras llorar, sin tregua, durante una larga semana, hace de tripas corazón y decide pedir a todas sus compañeras de estudios que le regalen fotos de sus novios, padres, hermanos, primos, tíos, amigos, vecinos, etc...
Logra recopilar 57 fotos en total, las introduce en un sobre y las hace acompañar de la siguiente nota:
"Querido Luis:
Perdóname, pero no puedo recordar quien eres. Por favor, encuentra tu foto dentro de este paquete y me devuelves el resto.
Saludos, Ana."

La Moraleja, al pie del texto, rezaba así:
"Aún en los momentos difíciles... hay que ser una perfecta hija de puta."

Pues bien, amigas mías, en mi humilde opinión, la moraleja de este asunto debía ser: "Hay que ser subnormal perdida para gastarse ni un cochino pavo en sellos".

Hay dos finales alternativos a esta historia:

a) Luis (que es medio memo) contesta:
"¿No te acuerdas, tonta? ¡Soy yo!. Nos conocimos en el parque de Berlín, aquel día que tú ibas con esa minifaldita roja tan mona. Y, luego, estuvimos saliendo dos o tres años. Soy aquel que le gustaban las películas de Matrix... Mira, voy a hacer algo mejor, te adjunto una foto mía (de las que no le gustan a María) y así ya me reconoces.

b) Luis, se va al fotomatón de la esquina, se hace una foto para María y después queda con ella para cenar y salir de copas.

El caso es que Luis se queda tan ancho como largo y, si se acuerda de Ana, es para mencionar a la "bruja" esa que no le devolvió la foto que tanto le gustaba a María.

Las venganzas, si se hacen, hay que hacerlas bien, ¡narices! ¡No me seais tontas!

Lo que es totalmente cierto es que se trata de un plato que hay que servirlo frío. Tenedlo muy presente a la hora de planteárosla como opción. Porque si aún conservas los sentimientos que albergabas hacia el individuo, o individua, en cuestión, probablemente te salga un churro de revancha; porque "caerás" a la primera insinuación del mencionado/a intercepto/a.

Hay muchos tipos de venganza, a saber:

1) Las venganzas chapuceras (como en el caso anteriormente descrito)

2) Lentas y agonizantes (pero siempre para la vengadora):
Las que te hacen esperar una eternidad a que el mentecato ese se entere de lo mucho que perdió contigo y de la falta que le haces. Tú (soltera y entera) sigues esperando ese momento. Ese maravilloso instante en que él te telefonea y te invita a salir, "porque se acuerda mucho de ti y tiene algo importante que contarte" y coges tú (muy digna) y le dices un rotundísimo "NO".

Y ahí se ha acabado tu venganza.

Bueno, a veces le haces perder un tiempo hermoso, buscando en su agenda, otro número que marcar, para salir esa noche (algo es algo)


3) Las de tipo: "Si hay que vengarse uno, se venga, pero vengarse p'a ná es tontería":
El Pollo te dejó hecha polvo, hace ya dos años. Y luego estuvo "mariposeando" de flor en flor. Todas lo dejaron por imbécil y se ha quedado más solo que la una.

Una tarde os encontráis y se da cuenta de que "eres un encanto", que has mejorado con la edad y se lamenta: "¿Cómo pude estar tan ciego? ¿Cómo te pude dejar escapar?".

Por aquel entonces, tú ya estás saliendo con un chico estupendo, que te tiene encantadita de la vida y ese tipo ni te va, ni te viene. Es más, te cuesta explicarte como te pudo gustar en alguna ocasión. Entonces decides mandarle a paseo de una forma discreta, a la par que elegante "Ya nos veremos por ahí, si eso".

O, mira tú, que se te hinchan las napias y le arreas en todo el jeto:
"Ciego, no, bonito: ¡gilipollas! Gilipollas, es lo que fuiste, dejándome escapar".

Pero eso ni es venganza, ni es ná. Porque como ya no sientes absolutamente nada por él, pues ¿qué más te da la tripa que se le rompa a ese cretino?


3) Las venganzas de tipo "colleja" o "coscorrón":
Mucho más rápidas, eficaces y entretenidas. Suele ser esa anécdota amena que, cuando sales con las amigas (con alguna copita de más) todas te incitan a narrar: "¡Anda, Puri, cuenta otra vez lo de Juancho!"

Que puede ser, por ejemplo: que le digas a tu chati "que has pillado una infección importante", pero, claro está, "no vas a desconfiar de él", así que supones que "te habrás contagiado en algún aseo público". Entonces, le recomiendas una eminencia de las venéreas, que es tu amiga Pepi, "a ver si le vas a terminar contagiándole a él, ¡pobrecito mío!".

Tu amiga Pepi, le depila esa tan delicada zona, con cera a 60ºC (mientras un grupo de estudiantes en prácticas lo graba en video) y, seguidamente, le aplica una crema tratante, que no es más que un pintura verde permanente, marca Tintanlux. (¡A ver si tiene narices en unos cuantos meses de volver a exhibirse en paños menores ante una titi!)

O ponerle en bandeja de plata una cita con un travesti... O mandar a un grupo de amigos a darle una paliza...

A mi una que me encantó fue aquella de la película "Lunas de Hiel" (¡qué buena!, ¿verdad?)

Un baboso Hugh Grant está echando humo por las orejas con Emmanuelle Seigner que parece dispuestísima a recibir todos los tejos que le tire ese desgraciado. Entonces, su mujer (Kristin Scott-Thomas) menea el dedo índice ante sus narices y le dice: "Te advierto que cualquier cosa que tú hagas, yo puedo hacerla mejor". Y va la tía...

¡y se liga a la chorba, con todo su morro y se la lleva al huerto!.
¡Sí, señora, sí señora! ¡Esa si que es una venganza en toda regla!.

Hala, pues ahora os toca a vosotros contar vuestras dulces venganzas.

Si recibo tres (como mínimo), os prometo que para la próxima semana tendreis un capítulo EN EXCLUSIVA de mi segunda novela (aún no editada ni publicada) para que veais hasta que punto llegan estos/as vengandores/as.