sábado, 5 de julio de 2014

LA VIDA NOS MANDA SEÑALES TODOS LOS DÍAS

Unos lo llaman 'destino', otros 'Dios'.
También lo denominan 'universo' o 'naturaleza'.
Yo lo llamo 'VIDA'.
Y la vida nos manda señales todos los días.
Sólo hay que prestar atención y saber interpretarlas.
Ir contra-natura es contradecirlas.”

©Miriam Lavilla - 2014

Ya en 2007, cuando escribí “Aceptamos marido como animal de compañía” hablé de ello. Hoy vuelvo a confirmarlo releyendo:

“Estoy convencida de que la vida nos muestra muchas veces el camino que debemos seguir a través de escenas que pone ante nuestros ojos y en las que somos incapaces de reconocer una revelación. Las observamos y las encontramos de lo más cotidianas, sin analizarlas como se debiera.

El otro día fui a pasear al monte con mi perro. Nos encontramos con una cabra cuyos cuernos se habían quedado atrapados en una alambrada que separaba el monte de la carretera.

Fui a por mis herramientas y, con mucho esfuerzo, logré cortar la alambrada y dejar libre a la pobre cabra que me miraba con ojos aterrados (sobre todo a los alicates).

La cabra, lamentablemente, quedó al otro lado de la red, es decir, en la parte de la carretera. Chillé, corrí tras ella, intenté sostenerla por los cuernos y arrastrarla hacia el monte, animé a mi perro a que la asustara, me dio una hermosa coz y acabé de bruces contra el barro. Nada. Me quité el jersey y comencé a torearla:

—¡Accca, uuuuu! ¡Accca! —Pero la cabra se dirigía derechita a la calzada.

Me metí en el coche y empecé a pitar con furia. La cabra me miró con aires de superioridad (le faltó sacarme la lengua) y siguió su camino tan contenta hacia la autovía.

Yo quise ayudar a la cabra, eso está claro, pero ¿Y LA CABRA? ¿QUERÍA LA CABRA MI AYUDA?

La segunda visión fue en la óptica el día que fui a graduarme las gafas. Allí había una señora de unos setenta años acompañada de la que parecía ser su nieta. Yo, lógicamente, no presté la menor atención ni a la señora ni a la chica, y me dediqué a lo que había ido a hacer. De repente, la abuela comenzó a dar saltos de alegría:

—¡Qué maravilla! ¡Qué bien veo! Parece mentira que haya podido manejarme sin ellas.

Llevaba unas gafas puestas, así que me pareció de lo más normal. Pero la joven que la acompañaba estaba muy sonrojada y las dependientas se mordían los labios para evitar echarse a reír descaradamente. Cuál no fue mi sorpresa, al mirar con más atención, cuando me percaté de que la pobre mujer sólo se estaba probando una moldura sin cristal.

¿Te das cuenta? Nos quejamos de que no hacemos más que estamparnos contra las farolas porque no las vemos. Pero, en realidad, lo que ocurre es que sólo vemos lo que queremos ver.

Mi tercera visión fue en el metro. Una mujer madura entró en el mismo vagón que un joven que llevaba una barra de cortina. La carcajada general fue tan escandalosa que interrumpió mi lectura.

Observé todo cuanto estaba a mi alrededor, tratando de comprender qué hacía tanta gracia, hasta que reparé en que la buena mujer se había sujetado a la barra que llevaba el muchacho pensando que era el asidero del vagón, y el pobre chico (rojo como un tomate) se esforzaba en mantenerla erguida, para evitar que la dama se rompiera las narices contra el suelo.


¡Y es que no miramos por dónde vamos!, y nos agarramos a cualquier cosa con la intención de encontrar nuestra estabilidad.”

jueves, 5 de junio de 2014

"SIEMPRE" no es tanto tiempo.

Durante las últimas semanas no se movía de su camita.
Cuando le enseñaba su collar y su correa, apenas me miraba.
Comía y bebía poquísimo para no levantarse. En muchas ocasiones era yo quien le llevaba la comida o la bebida a la boca.

Y, una vez en la calle (con lo que le gustaba pasear), daba dos pasitos, se paraba en seco y me contemplaba como preguntándome: "¿Qué hacemos aquí?".

La mayor parte del paseo (que duraba más que nunca) lo daba con él en brazos.

Los vecinos (era "Simón el Simpaticón" del barrio) me miraban compasivos. Ya habían muerto todos sus amiguitos hacía tiempo: Pirulo, Edén, Tango, Malcolm, Milo, las dos Lunas, Rocky, Edém, Duquesa, Pizca, Kiko, Chispa…

—¿Qué? ...la artrosis? —Me preguntaba alguno de ellos.

—No sé yo… —Pretendía bromear mientras sonreía agradecida— Me parece a mí que ya me puedo ir haciendo a la ideaaa… porque a éste le faltan dos telediarios.

Ayer, en el último paseo de las ocho y media, apenas se alejó un metro del portal.

—¡Ay, Thor! ¿Dónde quieres ir, Pichón?

—…—Me miró. Tanto y tan insistentemente que pensé que me había escuchado (ya estaba sordo perdido y con unas cataratas de vértigo). Se dio media vuelta y se dirigió al portal, de nuevo, lentamente.

¡Al carajo con el paseo! No me daba la gana de forzarlo. De hecho, toda su vida ha sido el niño mimado de mamá y le he consentido todo. Sinceramente: era el perro más malcriado de la tierra.

Me senté en el ordenador para colgaros la chorrada del día en Facebook. Aún estaba pensando en cual yyyy, de repente, se levantó con la intención de venir hacia mí. Como si le faltara pronunciar, con todas las letras, mi nombre. Como si tratara de correr a mi encuentro para pedir ayuda.

Sus patitas dejaron de sostenerlo, venciéndose. Parecía que su cuerpo se hubiera convertido, de repente, en gelatina. Se deshizo a medio metro de distancia.

Si me hubieran puesto un petardo en la silla no me hubiese levantado más rápido. Lo tomé en mis brazos y empecé a saltar y chillar:

—No me hagas esto, por favor, te lo suplico. —Presioné su pecho, corrí a la ducha, lo metí bajo el agua fría pero seguía como un muñeco de trapo.

—¡No, por favor, no por favor, mírame, mírame! —Tomé el bolso con él, enrollado en una toalla, en mis brazos. Salí pitando al ascensor mientras seguía llamando su atención. Iba a llevarlo a un veterinario, ¡al que fuera! ¡al que estuviera más cerca!

Cuando presioné el botón, me miró a los ojos. Os juro que no hizo falta que hablara. Entendí perfectamente que me decía en un hilo de voz: “Me voy. Me estoy yendo.

El ascensor no había alcanzado mi piso aún y giré sobre mis pasos, con toda la calma del mundo, tanta que hasta me asustó:  —Está bien, cariño. Está bien. Vamos a casa. Esto vamos a pasarlo los dos juntos.Abrí de nuevo, la puerta, colgué mi bolso en el perchero y me senté en mi mecedora con él apretado contra mi pecho.

Mientras me mecía, lo besaba, no paraba de decirle lo mucho que lo quería:Sí, mi vida, soy yo, mi bebé. Estoy aquí. No te voy a dejar solo. Ni por un segundo.
—Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero… Gracias por haberme hecho tan feliz, por haberme acompañado siempre, las veinticuatro horas del día, por haber nacido, por despedirte de mí, por elegirme para marcharte... para dejarte ir.

No sé como no podía llorar. Supongo que Dios (sí, Dios, porque soy creyente) en estos momentos te inyecta una sobredosis de valentía, fortaleza, energía, ¿resignación?... no lo sé. De lo que estoy segura es que se trata de una auto-defensa. Algunos lo llaman supervivencia.

Estuve hablándole y besándolo, mientras sostenía su patita, sin dejar de mecerme, hasta las 9 y tres minutos en que su llamita se apagó.

Los únicos latidos que notaba en mi pecho eran los míos y sus ojitos permanecían clavados en las niñas de los míos pero presentí que ya no podían verme.

Me levanté con él en brazos, llamé por Skype a Jaime. Él, sólo él, era el único que podía entender como me sentía. Y vivir de auténtico modo la experiencia.

Continué hablando con voz pausada, sin permitir que mi voz se quebrara en ningún momento.

Luego llamé a mi hermana. Estaba con mi madre en la tienda y me dijo que me la pasaba. Le supliqué que no lo hiciera, no fuera a ser que se le ocurriera llamarme mema. Nadie entiende estas cosas. Este amor incondicional por un animal. Pero cuando se puso al teléfono ¡Estaba llorando! ¡Cómo agradecí sus lágrimas! Siempre digo que, para "suegra", ya tengo a mi madre. De hecho, mi suegra es una bendita.

No era extraño que lo pensara. Nunca me dejaron tener un perro en casa. Fue de las primeras cosas que hice al abandonar la casa paterna. Me había pasado mi infancia inventándome un amigo imaginario al que llamaba Napoleón y paseaba con una lata (o cualquier otra cosa) arrastrada de una cuerda. O, sentadita en la escalera de la Calle Bordadores 9, tomándome platitos de pan rallado y azúcar, con Winston, la perra de nuestros vecinos Carmen y Pepe.

No me aparté de él hasta que llegó el señor de la incineradora a recogerlo. Se lo llevó en una bolsita negra, con sus datos en una etiqueta, que cerró y blindó. En menos de dos días me traerían sus cenizas.

Él era un ser libre, Acuario, como yo. De hecho, nacimos el mismo día. Le gustará disfrutar de su paseo eterno en el camino de La Horizontal de El Escorial. Puede que hasta le lleve a la playa de Pontedeume… o al Grove… a San Vicente de la Barquera... o a Jalón, en Alicante. A la nieve de Astún o Candanchú, a la de Andorra, a la de Sierra Nevada... ¿A los lagos de Enol? ¡Cómo disfrutó aquel día!

Luego me senté, de nuevo, ante la pantalla del ordenador. Y empecé a hacer el vídeo. Tenía que hablar con él por última vez:

Gracias por haber cumplido mis sueños de infancia.
Por convertir en carne y pelo, esa lata que yo arrastraba de una cuerda.
Por haberme enamorado desde el primer segundo en que te vi.
Por existir…
por haber irrumpido en mi camino…
condicionando mi vida…
¡poniéndola patas arriba!
Gracias por la risa.
Gracias por correr a nuestro encuentro.
Gracias por estar siempre ahí.
Por sentirme escuchada.
Por velar por nosotros.
Por hacer dulce la espera.
Por hacer sentirnos siempre en casa,
por lejos que estuviéramos.
Por acompañarnos en los mejores momentos.
Por formar parte de la familia.
Por tener tanta paciencia.
Por adorar lo que nosotros amamos.
Por acompañarnos en nuestros juegos
y en nuestras locuras.
Por hacerme sentir tan especial.
Por regalarme un sol de invierno.
Por soportar nuestras bromas pesadas.
Por tantos y tantos recuerdos inolvidables.
Por mirarme como si fuera una divinidad griega.
¡Por quererme tanto!
Por instalarte, como inquilino,
para siempre, en mi corazón.
Duerme, ángel mío,
al arrullo de mis latidos,
en la orilla de mi alma.

Elegí el Requiem de Andrew Lloyd Weber, exquisitamente acompañado por las voces de Sarah Brightman y Charlotte Church. Una vez la acabé, me puse a berrear como una loca en cuanto lo vi, en la pantalla, moverse y observándome como sólo él lo hacía. ¡Y sus sonrisas!

¡Porque él sabía sonreír!

La verdad, me sentí liberada. Hacía muchos años que no derramaba cataratas de agua salada. Y siempre pensé que las lágrimas no solo reconfortan, sino que fortalecen. De vez en cuando, viene estupendamente lagrimar con toda el alma, no con un sufrimiento mudo. Sostenerse el estómago y gritar tu dolor. Es como una sana carcajada, como una risa, muy triste pero, a fin de cuentas, un sentimiento. Y a esos es mejor ni obviarlos ni enterrarlos.

Y el día se sucedió así: ahora lloro, ahora vuelvo a permanecer serena, ahora vuelvo a llorar y vuelvo a sonreír y a seguir la broma pesada de esta vida…

Hoy, en cuanto he abierto los ojos, una angustia se ha apoderado de la boca de mi estómago y he vuelto a llorar. Lo malo es que no dejo de hacerlo. He leído todos vuestros comentarios en el Facebook, cada palabra, cada letra, cada espacio, cada coma… y os he agradecido mucho vuestras condolencias.

Ayer decidí “bajarme del mundo” por un solo día pero éste no se para sólo por mí. No cesa ni espera. Ahora voy a tener que correr para subirme en la próxima estación. Así que voy a ducharme y a preparar mi petate. Cada vez es más pesado.

Hay cristianos que dicen que no habrá bebés, niños o animales en el cielo. Pues la verdad, si fuera así: ¿quién querría ir allí?, si precisamente yo siempre pensé que ellos eran quienes estaban más próximos a Dios.


Si me aseguran que no voy a volver a ver a mi chiquitín, ¡leche, que me lleve Mandinga! Pero estoy segura de que Alberto habrá ido a recogerlo y lo cuidará bien, le tirará palos para que Thor cabalgue a recogerlos, jugará con él y lo mantendrá a buen recaudo hasta que yo me reúna con ellos para siempre que, a fin de cuentas, no es tanto tiempo.https://www.youtube.com/watch?v=HVljUOsPPfc


©2014 Miriam Lavilla Muñoz

miércoles, 28 de mayo de 2014

¿Dónde podéis encontrar "ACEPTAMOS LAGARTA COMO PRINCESA DE CUENTO"?


EN TODA ESPAÑA, en Librerías de AGAPEA; librerías NOBEL y Librerías LER

BARCELONA:
Librería Hispano Americana: Gran Vía de les Corts Catalanes, 594
Librería ALIBRI en Carrer de Balmes, 26, 08007
La font de Mirmir

CÁDIZ:
San Fernando: C.C Bahía Sur, C/ Caño Herrera

GRANADA:
C/ Emperatriz Eugenia, 10

MADRID:
Librería LÉ en paseo de la Castellana

MÁLAGA:
Teatinos Av. Doctor Manuel Domínguez, 6.-
Librería Proteo
Centro: Centro de Arte Contemporáneo, C/ Alemania

PALMA DE MALLORCA:
C/ Marqués de Fontsanta, 6

STA. CRUZ DE TENERIFE:
Av. Tres de Mayo, 71

TOLEDO
Librería SANTOS OCHOA y
Librería TAIGA (en centro commercial)

VALENCIA:
Librería SORIANO

viernes, 16 de mayo de 2014

San Isidro bendito!!! La que me has dejado en casa

FELIZ DÍA DE SAN ISIDRO!!!

¿Veis los imanes de la nevera? ¡¡PUES SÍ!! ESTOY ESCONDIDA EN LA COCINA!!!

Anoche me lo pasé DIVINAMENTE con Felipón, Raul y toda su panda de amigos (Hay que repetir, sí señor, sobre todo con los del monólogo sobre "¿Dónde puede uno ir a mear en Las Vistillas en las fiestas de San Isidro?" y, especialmente el guía turístico de "LAS RUTAS DE MADRID: la del criiiimeeen, la de los fantaaaasmaaas, la de los musulmanes...etc... etc... etc...). Tomen nota "Madrid a Miles" y él se llama Pedro Díaz Matías.

¡¡Gente super-interesante, vaya!! y ENCANTADORES TODOS.

En mi casa las cosas estaban bastante bien.

A pesar de tener un morro que me lo piso y dejar a Jaimete solipandis, le dije que se llevara a dormir con él un par de amigos y, bueno, cada vez que yo controlaba "telefónicamente" el muy caradura me decía que "NO TUVIERA PRISA EN VOLVER".

¡¡LLEGO A LAS DOS DE LA MAÑANA!! (en el fondo... soy muy bien mandada) y ME LOS ENCUENTRO DE "CUCHIPANDI" DÁNDOLE A LA PLAYSTATION, con toooooooooooodaaaaaaa la casa llenita de BALINES!!!! y, después de unas cuantas bromillas yaaaa les digo que "no sería mala idea irse a la camita".

¡¡ESTUVIERON CHARLANDO ANIMÁDAMENTE HASTA LAS CUATRO DE LA MAÑANA!! pero la revolución hormonal, que están acusando, les hace no ser capaces de MODULAR BIEN LA FRECUENCIA de sus voces... por lo queeee... me enteré de todo-todito. Y, para muestra, un botón:


-Tío, tu madre es la hostia, -dice uno.
-Sí, tronco y, además, está buena que te cagas, -añade el otro.
-Peroooo, tíoooooooooooooo, -se sorprende él: -¿qué dices? ¡¡SI ES UNA VIEJAAAAA!!

¡¡¡Cría cuervos!!!

Me levanto a las DIEZ, me encuentro un sonámbulo en el pasillo que busca el baño... (me doy la vuelta, de inmediato, evidentemente, para esconderme en mi habitación) y, cuando ya escucho que ha salido, me las prometo muy felices y voy a lanzarme en plancha a por mi primer café y tomármelo en el salón...

Peeero..., a pesar de haber llenado la alcoba de Jaime de camas (son dos pero es que el cuarto es pequeño) ¡¡ME ENCUENTRO CON OTRO TÍAZO EN EL SOFÁ DEL SALÓN Y MI HIJO, hecho un guá, EN EL CHAISSE-LONGUE!!!!

(Los nenes, en cuestión, me sacan a mí una cabeza y a mi hijo, al que llaman "chiquilín" DOS) Así que "LA VIEJA" (que sí modula su voz de CAZALLERA) se ha tenido que esconder EN LA COCINA hasta que se despertaran y les HA REQUISADO LAS ARMAS (porque no soportaré volver a pisar más balines)

A las 11 y media, LES HE CASCAO EL LINKIN PARK (¡¿no les gusta tanto?!) A TODO VOLUMEN Y HALA, LES HE PUESTO UNOS CHURROS Y UNAS PALMERITAS CON COLA-CAO.

¡¡VAYA CRUZ!!

Y, no se lo pierdan, que... ¡¡Me ofrezco voluntaria para invitarlos a la Pradera de San Isidro!! yyy... los amiguetes tan animaos pero el otrooooo poniendo una cara de "¡Planazzzzo ir con mi madre, la vieja, ¡Vaya rollo tártaro!". 


HAYQUEJOERSEPUNTOCOM!!!! Encima de que estaba dispuesta a pagar un potosí por una mierda chorizo y un vino Don Simón!!!!! De desagradecidos anda el mundo lleno!!!!!!

viernes, 25 de abril de 2014

PLATAFORMA ESCOLAR (collejas virtuales a nuestros peques o El Día de Santa Plataforma Bendita-toa)

Hoy en día, resulta que en el Cole de los niños nos cascan una PLATAFORMA ESCOLAR.

Antes (antaño, en los viejos tiempos), tú hacías una trastada y los profes te castigaban a la hora de la salida a quedarte una hora más “haciendo planas” (que era copiar 'CIENES Y CIENES' de veces que no debías hacer lo que habías hecho). Al mismo tiempo, llamaban a tus padres y venían a recogerte, con cara de mosqueo.

El profesor (o señorita) volvía a relatar (a él o ella, dependiendo de quien estuviera más cabreao, que era siempre el que se echaba a la calle con más ansia) tu hazaña y papá o mamá te arreaban un collejón con la orden:

—¡Anda y tira p’a casaaaa, degggggraciaaaaaaá!

Al regreso, el que te hubiera conducido al hogar, se lo narraba con todo lujo de detalles al que estuviera esperando. Así te caía otro zapatillazo más que, miraa, Bruce Lee podría esquivar un hostión enemigo o hasta una bala de revolver pero fijo, fijo, que un lanzamiento de zapatilla de mamá ¡¡Lo daba, sí o sí!! ¡Vaya si lo daba!

Bueno, pues os explico. La plataforma escolar es una especie de FACEBOOK de padres, madres, profesores, tutores, secretaría y otro personal del centro. Que hasta tenemos las fotitos y todo colgadas.

En ella te muestran el horario del niño, los deberes que tienen que presentar cada día, los exámenes que van a sufrir, los pagos que has realizado y los que te quedan por saldar… Las calificaciones (para que no se te olviden, imposible no recordarlas); las circulares, las entrevistas, los mensajes yyyy… ¡¡LAS INCIDENCIAS!!

Las incidencias suelen ser del tipo: Ausencia (cuando el niño no ha ido a clase); Retraso (cuando ha llegado tarde a clase); Comedor (cuando ha tirado la sopa encima del de al lado o se ha dedicado a lanzar migas de pan a la de enfrente); Comportamiento (no hace falta que explique); Uniforme (cuando le falta un complemento en el atuendo tanto deportivo como el estándar) y Observaciones.

Y luego hay una muy cachonda… (que siempre está vacía) que es la de las Felicitaciones.

Pero LO MÁS, MÁS, MÁS CACHONDO DE TODO… ¡¡ES QUE LOS PADRES TIENEN QUE JUSTIFICARLO!!

Aquí yaaaaaaaa… no sé, de verdad, si enseñarán bien a los críos pero lo que sí estoy segura es de lo que MOTIVAN e INSPIRAN MI CREATIVIDAD.

Hay días especialmente simpáticos que yo los nombro como “EL DÍA DE SANTA PLATAFORMA BENDITA” y son esos es los que tienes una jartá de incidencias:

Tras una sesión matutina de esas de “cardio” que nos gastamos el nené y yo… Me siento al ordenador, en cuanto él ha cogido el bus y recibo, a los cinco minutos exactamente:

Incidencia Retraso: Jaime ha llegado tarde a la clase de Ciencias Naturales.
¡¡Pero, coño, ¿llevan una pistola como esas de leer los códigos de barras en los supermercados para el auto-cobro?!! ¡¡¡¡¿Cómo es posible tanta rapidez si son sólo y cinco?!!!!
Justificación: El ascensor no llegaba nunca, luego ha hecho de “coche escoba” en cada piso, que vivimos en un 13 y ha perdido el autobús por muy poquito. Adicionalmente, había atasco en la calle.

Incidencia Retraso: Jaime ha llegado tarde a Lengua.
(Miras el horario y ¡¡resulta que es la primera hora de después del recreo!! Pero… ¡¡vamos a ver!!)
Justificación: El niño me comenta que había mucho atasco en las escaleras.

Incidencia Uniforme: Jaime se ha traído un pantalón verde de chándal en lugar del azul del uniforme de Educación Física.
Justificación: El niño se fue con su padre el fin de semana a El Escorial y se olvidaron allí el pantalón. Una hace lo que puedeeee perooo si le ponen zancadillas yaaaa…

Incidencia Uniforme: Hemos observado en el cambio del uniforme de Educación física al diario que Jaime llevaba un calcetín negro y el otro azul.
Justificación: Lo lamento infinito. Tengo hipermetropía y astigmatismo. Encima, cuando le preparo el uniforme del día siguiente, es de noche. No se volverá a repetir.

Incidencia Observaciones: Jaime no ha traído los deberes de Sociales.
Justificación: Al parecer, creía que eran para el día siguiente.

Incidencia Comportamiento: Jaime ha estado hablando toda la clase y, a pesar de que le he llamado la atención varias veces, no ha cesado en su actitud.
Justificación: El niño recibió una pedrada en el cráneo cuando era pequeño.

Jooooo… ¡der! Que estoy esperando el día que me llegue la Incidencia: “Jaime ha dibujado un pene y una teta en el libro de francés” A ver si les tengo que decir: “El niño nos descubrió anoche a su padre y a mí viendo una peli porno y se conoce que quería explicársela a su compañero”.

Me queda detallaros lo de la “Orientación Escolar” y lo del TDA (=trastorno de déficit de atención) pero esooo yaaaa… ¡para otro día! Hoy ya estoy saturá de tanta gilipichez virtual.

viernes, 18 de abril de 2014

El esquí un deporte duro y… muy confuso















No sé si os habré comentado alguna vez que las mujeres nos ponemos pesadísimas en el asiento del copiloto:

—¡Mariano, no corras tanto!
—¡Mariano, ten cuidado con ése!
—¡Mariano, te estás quedando sin gasolina! ¿No es ésta manecilla la que te avisa?
—¡Mariano, vaya una mierda que llevas en el coche! Pero, ¿tú ves con esos cristales?

El colmo de la señora plasta es cuando sabe conducir. Esoooo yaaaa es para nota:

—¡Mariano no reduzcas en la curva! Es antes cuando tienes que hacerlo y luego ya, entrado en ella, aceleras.
—¡Mariano, te pongas como te pongas, tú no tienes preferencia! ¡Tienes que ceder el paso!
—¡Mariano, cambia de marcha! ¡Se te va a calar!
—¡Qué mal aparcas, Mariano!

Pues hay algo peor aún. Irte con tu marido a esquiar y que él sea un experto:

—¡Balancéate más para hacer el giro!
—¡Echa el cuerpo para adelanteeeeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡Pon los bastones delante de ti!
—Junta las rodiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiillaaaaaaaaaaaaaaaas…
—¡No hagas tanto giroooooooooooooooo que pierdes velocidad!

Que si los esquís en paralelo, que si voy perpendicular a la pendiente… que así me cuesta hacer curvas, que si mejor oblicuooo… ¡Aich, por favor! ¡Si parece una clase peñazo de Física! ¡Que me deje en paz con mi estilo borreguero-superviviente, si yo lo que quiero es pasármelo bien!

Por consiguiente, he decidido ponerme los cascos con música (y a un volumen casi insoportable) y no hacerle ni puñetero caso.

Lo contemplaba moviendo los labios y meneando la cabeza insistentemente y yo, ¡sin oír ni jota!. Cosa que, por otra parte, me divertía bastante.

De vez en cuando, mantenía el tipo, excusándome:—¡Sí, si yo lo intento! Pero anda, ve tú delante, ve, que te sigo y hago los giros donde tú marques las curvas!

Reduzco la velocidad y permito que se aleje pero él, muy "constante" (todo hay que decirlo), cada cincuenta metros se para y apunta hacia el horizonte, con ayuda de su bastón. Debe ser que me está indicando hacia donde debo ir. Ahora lo que parece es Colón avistando nuevas rutas.

Comoquiera que eso no funciona, me digo "Miriiii..., le das esquinazo a la de tres" y, cuando estoy bajando la pista contraria, chillo pesarosa: —¡Ay, cariiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me he equivocaaaaaaaaadoooooooooo! ¡Se me ha pasaaadooooo! ¡Es que te he perdiiiiidooooo!

Eso no falla.

Con esta inteligente determinación te puedes pasar el día entero haciéndole el avión. “Que si yo cogía el telesilla cuando tú debías estar bajando la pista”; “que esto va a ser que he debido pillar el remonte en lugar del telecabina”; “queee… es que yo esa percha no la he vistooooo”… Pero, claro, tampoco puedes abusar porque lleváis los walky-talkies y, además, los móviles.

En cualquier caso, esto es muy útil para disfrutar de un soplo de libertad, un poco de intimidad, reencontrarte con la madre naturaleza y escuchar tus pensamientos.

Y eso me ha invitado a cavilar y mantener largas conversaciones conmigo misma. Conversaciones que no llevan a ninguna parte y, además, me interrumpo cada dos por tres, que es que soy un loro y no se puede charlar conmigo. Y he concluido que esto del esquí es muy confuso y que no todo el mundo te instruye bien en la materia.

A ver si se creen los monitores que con enseñarte a hacer la cuña, los giros, poner los esquís en paralelo y juntar los tobillos, ya han cumplido. Pues no. Ahí va una buena pila de ejemplos y consejos:

* Si bebes, no esquíes.
* Pero si esquías, no bailes. (Por bonita que sea la canción que estés escuchando).
* Si llevas los cascos, ¡¡por favor, no te pongas a cantar!! (El “oído musical” se va de veraneo y te deja berreando a grito pelao ante miradas desconcertadas que se giran hacia ti, entornan los párpados y arrugan la nariz).
* Si estás en el pico más alto del Veleta, ¡no atiendas al teléfono móvil!
* Y si estás atendiendo al móvil, no hagas pastelero caso de los walky-talkies y viceversa.

Ejemplo práctico: Alguien me ha llamado y ha escuchado lo siguiente:

—Yeaouuuuuwooouuuuu… (¡CHAFFFFSSSS!) …¿Hola? ¿Quién eres? No te veo… ¡halaaaaaa, a tomar por culo el bastón!… ¡OYE, PERDOONAAA! ¡SÍ, TÚ! ¿ME LO EMPUJAS POR FAVOR?... … … A ver, ¿quién dices que eras?

En definitiva, cuando me he vuelto a poner el móvil en el orejo y he decidido dirigirme al emisor, ya no había nadie. O lo he asustado, obvio.

A los dos minutos, llama mi madre: —¿Hola? ¡No te veo!
—¿Cómo que no me ves?
—¡Ah, eres tú, mamá! Pues no. Veo menos que Pepe Leches porque hay mucha luz y no se lee la pantalla y, encima, con estas gafas de sol… ¡Voy a tener que graduármelas! ¿Eras tú la que ha llamado antes?
(Me suena el walky-talky y escucho la voz de mi hijo: —Brrrjjjmá, que… brrjjj… cafetería… brrrjjj… el telesilla de La Laguna… brrjjj… bla-bla-blá, ¿vale?)
—No. —Responde ella. —Es la primera vez que llamo. ¿Qué tal? ¿Os hace buen tiempo, entonces?
—Sí, bien, estupendo… un sol que quema… espera quee ¡No sé qué me dice el monstruo!
—Oye, pues nada, sigue a lo tuyo, no lo pierdas de vista —¡Bendita inocencia! Menos mal que no nos ve y, lo mejor: menos mal que no sabe por donde nos metemos— Y que lo paséis bien pero tened mucho cuidado con la nieve, ¿eh? Que con esto del deshieeelooo…

Le pego un buen “campaneo” a Jaimete: —(PIRURIRURIRURÍ) Jaime, hijo, ¿Que qué decías?
—¡Ay, mamá, no te enteras de nada! ¡Tú a lo tuyo!
—A ver, hijo, ¡la yaya me estaba hablando del cambio climático y el calentamiento global!

Otro inconveniente es la señalización de las pistas. Te ponen un palo de color azul. A los diez metros, otro. A los veinte, ¡ya es rojo! Y, con suerte no pillas uno negro que ya te confirma que te has pasado a un tramo peliagudo.

Pero lo más peligroso es cuando dejas de verlos. Impepinablemente tenía que haber un cartelito visible, cada metro, donde te pusiera:
“PISTA”
Y/u otro que rezara: “NO PISTA, ¿te pispas?”.

De lo que te pispas es que estás terriblemente sola. No hay nadie a diez kilómetros a la redonda. Puedes escuchar perfectamente los latidos de tu corazón. Y, a medida que bajas, tienes que sortear los pedrolos de hielo que van rodando a tu lado.

El cartel de “BAÑERAS”. Pues no sé yo. Te podían avisar que no se tratan de esas en las que echas las sales de baño.

El de “PISTA DIFÍCIL” podrían sustituirlo con un simpático: “A VER, OIGA, ¿ANDE VA? ¿SE CREE USTED BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA?”

Lo del cartel de “SÓLO EXPERTOS” también tiene su aquel. Porque todos sabemos que hay días en que tienes los biorritmos altos y te comes el mundo. En determinados casos, debieran señalizar un clarísimo “SÓLO SUICIDAS”.

¿”SNOW PARK”? Pero, ¿qué te dice eso, a ver? Tenían que poner un letrerón gigante donde se dirigieran al honorable con un: “¡NI LO INTENTE, SEÑORA, POR LOS CLAVOS DE CRISTO, NO SEA USTED INCONSCIENTE!”

Cuando has pillado una pendiente de 80%, una buena capa de hielo, y vas con tal cara de velocidad que te pareces mucho a la hormiga atómica, te encuentras de sopetón con un cartel enorme que te dice “¡¡DESPACIO!!”. No sé como iría Mariano en la curva pero yo como que me tiro al monte.

Aunque puede ser peor. El que pone “STOP”. ¡Ése ya sí que es cachondo!

Y lo más de lo más es cuando te cascan “¡¡¡ATENCIÓN, CRUCE!!!”, que yo no tengo faros de luz larga ni llevo claxon, así que ya optas por el:
—¡¡JORRRRRLLLLLLL, QUE VOOOOOOOOOYYYYYYY!!

El que más se presta a equívocos (sobre todo para las solteras principiantes) es el que te endilgan a la entrada de los telesillas. Hay cuatro filas y una al lado en que puedes leer:
“ENTRADA INDIVIDUAL PARA COMPLETAR SINGLE”.

No, bonita mía. No te creas que vas a conocer un maromo que te va a guiñar un ojo y confesarte que tú “lo completas”. Todo lo más, si haces buenas migas en el camino y el trayecto es largo, vais a hablar del tiempo, de en qué zona hay más hielo y en cuál otra hay nieve blanda. Por mucho que trates de extender la conversación, en cuanto desciendas, ahí mismo se acabó el tema. Te prevengo que aunque el pollo esté cañón (pero como los de Navarone) no hay botón de stop como en los ascensores.

Y todo eso, si no te llaman al móvil y te gritan lo de: “Mamáaaaaa, ¿Que dónde estaaaaaaás? (aunque puede ser peor: te podrían llamar abuela).

Hoy, sin ir más lejos, “he completado un single” en uno de esos telesillas. ¡Bueno, bueenoo, bueeenooo!… ahí estaba servidora, rodeada de snow-boarders de no más de 30, divinos de la muerte. He puesto tal cara de felicidad que, para que no se me notara mucho y me tacharan de vieja verde, he disimulado quitándome las gafas, cerrando los ojos y poniéndome de cara al sol, muy sonriente, como si estuviera disfrutando de esos rayitos a tope.

Lo malo es que cuando he creído ver a mi costilla y al nené, he silbado como un cabrero (con los dos dedos sobre mi lengua) y, después de dejar sordos a esos efebos de Miguel Ángel y mirarme desconcertados… ¡¡RESULTA QUE a los que he llamado como Pedro el de Heidi, NO ERAN ELLOS Y SE HAN QUEDADO CON CARA DE PEZ!! (apunte para mí misma: ¡tengo que graduar las gafas de sol, sin falta!)

Claro que es mucho más práctico llevar los cascos, así no tienes ni que dar conversación.

A todo esto, si coincides en el telesilla con tu santo “experto” deja de martirizarte con el estilo adecuado y la postura más idónea para practicar esquí, para catequizarte con otras actitudes y comportamientos del tipo: “Pero, ¿fumando, otra vez? ¿Es que no puedes dejar de coger un telesilla sin encenderte un pitillito?” o “Haaalaaaa, bebiendo como un Kosaco, pues vaya una deportista estás tú hecha”.

El pavo del niño, en plena adolescencia, parece haberse confabulado de maravilla con el papá, a la hora de meterse conmigo (cosa que fastidia sobremanera porque, generalmente, se “asocia” con mamá para meternos los dos con él): “¡hala, mamá, por favor, mira quee no ver la pista! ¡Pero si ésa es como Roma, que todos los caminos conducen allí ¿No sabes que hay una cosita que se llama plano de pistas o mapas y se regalan en las taquillas del forfait?” (Ains, ¡qué cargantes!) Así que la frase más pronunciada por mí en estas vacaciones ha sido: “Mira, niñññooo, ¿te crees muy guay?”.

Otro apunte, para mí misma y para los que deseen ser bien aconsejados: Si vas a llevar cerveza en la mochila, ten la precaución de no caerte o no menearte en demasía. Y si, desatendiendo a este consejo, la abres, procura no hacerlo en el telesilla cuando vayas acompañado.

De todas formas, ya os prevengo (a las solteritas, que me desviaba del asunto) que si lo que pretendíais era ligar, mejor ir de vacaciones a un crucero que del barco ¡NO ESCAPA NI UNO VIVO!. Que esquiando una no liga, que no. Que ellos van p’allá, pero tú tiras p’acá… que tú ruedas pendiente abajo y ellos o están subiendo o no solo no te ayudan a levantarte, no, es que ¡derrapan y te lanzan nieve sobre tu cara!. Que no os engañe el cine hollywoodiense. Aquí no hay caballeros, hay trogloditas.

Aunque, claro está, si se le ocurre ponerse ante ti, con los brazos abiertos de par en par para abrazarte o incluso pedirte en matrimonio, cuando estás cayendo a toda leche por una ladera, lo mismo te sorprendes escuchándote gritar: ¡APARTA, SUBNORMAAAAAAAAAAAAAAAL!

Otro de esos “momentazos” que dar lugar a que te hagas líos es ese en que tomas una percha y aquello no hace más que suuuubiiiiir y suuuuubiiiir. Tú miras abajo y, vamos que no se puede estar más elevado y lo que se supone pista y está a tu ladooooo… no puede ser más vertical. Pero, enseguida te pones a observar a los “miserables enanos” que te acompañan en el viaje y te consuelas: “¡Vamos, hombre, estos champiñones no pueden esquiar mejor que tú! Especialmente, cuando llevas diecinueve tacos practicando con asiduidad y ellos no cuentan más de cuatro”.

¡¡Pues te has pasado de lista!! Los canijos con casco ésos te van a pegar unas pasadas que no se las va a saltar ni un gitano. Y no veas como se cuelan en las filas que también te sortean por delante, por detrás, por un lado, por el otrooo… y, si te pones pelmita, se te cuelan entre las piernas. Que, súbitamente, te crees presa de una marabunta que no va a dejar de ti, ni el esqueleto.

Ahí va otro consejo muy práctico. En las estaciones de esquí el Karma está siempre muy presente. Es decir, no te vayas a reír de la pobre vaca esa que se ha caído de culo… porque detrás vas tú. O de tu santo experto que al impartir sus lecciones va y se pega el costalazo. Como se te ocurra decir “¡te jodes!”, en menos que canta un gallo te ves besando nieve (y esperemos que no sea amarilla, tú ya me entiendes).

Pero, sobre todo, hay carteles que una echa de menos poderosamente:

El primero: "Despegue sus dientes de nuestros postes, por favor".

El segundo, el de “ASEOS”. Estás en la cúspide de una pista y es que te lo haces encima. No sabes para donde tirar. Tenían que indicarte qué aseos están más cercanos:

“A 100 metros, aseos”; “A 50 metros, aseos, no te despistes”…; “A 20 METROS, ASEOS, VE DESPELOTÁNDOTE, MUÑECA”. Porque no sabe nadie lo que es desnudarse entera (con tanto trasto como vestimenta) para hacer pis.

Un cartel muy necesario es uno que te avise que cuando vas a toda leche, colina abajo y temes por tu vida, quizás no sea conveniente que vayas reduciendo velocidad. Porque, ¡zas!, así de repente, sin previo aviso, ¡¡te topas con una cuesta arriba empinadísima!! Y te quedas con cara de gilipollas.

En estos casos, (lo aclaro para el que no haya esquiado), tienes que REMAR.

Un cartel del tipo: “¿TE APETECE REMAR? ¡¡PUES ACELEEERAAAAAA!!” sería de lo más agradecido.

“Remar” no es eso que hacen los enamorados en el estanque de El Retiro los domingos por la tarde, no. “Remar” es ponerte a deslizar los esquíes, con todas tus fuerzas (imaginaos: pendiente arriba). Me explico: tú adelantas los bastones, flexionas las rodillas, te quedas culo en pompa y emites los mismos sonidos que los ancianos cuando se levantan del banco del parque después de haber estado contemplando las obras.

O sea, ¡la repanocha!, te dan ganas de dejarte caer fuera de pista. Da igual ya lo que te pase.

Pero, puede ser peor: cuando ya casi lo estás consiguiendo, ¡te llaman al móvil o al walky-talky y, entonces ya no respondes con normalidad! En toooooooooodaaaaaaaa la montaña se escucha un eco atronador que brama:
“¡¡MEVIADECAGALENTOASTUSMUELAS, JOOOO-DER (der, der, der, der...)!!”

Aunque también HAY CARTELES QUE SOBRAN. Hoy, sin ir más lejos, al tomar una percha (algo complicadilla, todo hay que decirlo) había un letrero donde estaba visible la frase: “MÁXIMO DOS INTENTOS”. ¡Hombre, por favor! Eso atenta contra la fuerza de voluntad y el afán de superación humanos.

Y, a propósito del walky-talky, por favor, sintonízalo bien con tu familia. Y, si no estás segura de que todos tengáis el mismo numerito en la pantalla, ¡NO HABLES ANTES DE ESCUCHAR!. Ahí va ejemplo:

—(PIRURIRU)
—Que síiiiii, que estoy en Las Truchaaas, que te estoy esperandoooooo. Que te estoy esperando, aquí, desnuda. —Lo que estaba esperando es que me dijera, inmediatamente después de escucharme, que nos íbamos ya al apartamento, claro. Que, además, ya era hora.
—Oye, pues hazme señas con los bastones, no vaya a ser que no te vea. —La voz que hablaba no correspondía ni a la de mi hijo, ni a la de mi costilla, alias el experto.

Así pasa que durante tus bajaditas no haces más que escuchar conversaciones del tipo “¿De qué queréis la pizza? ¿Cogemos algo más?” que te dan ganas de decirles que se pillen unas seis cervecitas.

Y aquí llego a otro detalle anteriormente citado: las palabrotas. Creo que este deporte fue el que me aficionó a mí a ser tan palabrotera. Pero es que, no sé por qué, te consuelan.

Os lo demuestro con otro ejemplo: tú vas esquiando y estás viendo acercarse el talegazo mediano. Bueno, pues dices:
—¡Coño, coño, coño, coño!
Cuando ya estás en ello (más concretamente, rodando):
—¡Hossssssssssstiás!
Y, tras levantarte: —¡¡Sssssu putttttamadre!!
Y te quedas tan ancha, oye. ¡Milagroso!

Otra cosa muy confusa es que, a dos minutos de que cierren la pista, no sabes explicar el motivo por el cual te entran unas súbitas ansias de coger el último remonte, que lleve al último pico de la última cima de toda la estación y, en el último minuto, para “aprovechar bien el día” y poder estar esquiando hasta una hora u hora y media más.

Pues, ea, poseída por esa demoníaca sensación, te sorprendes desgañitándote cuesta abajo para llegar a tiempo y luego sacudir caderazos con el resto de “ansiosos” que llegan a la fila, al mismo tiempo que tú. ¡POR FAVOR, DEJA ALGO PARA MAÑANA!

Y, no por ser lo último es lo más importante. Que no te quepa la menor duda de QUE EL MOMENTO MÁS PLACENTERO DEL DÍA DE ESQUÍ ES …………………………………………............


¡¡CUANDO TE QUITAS LAS BOTAS!!