jueves, 10 de abril de 2014

Reseña literaria de "Tengo ganas de morirme para ver que cara pongo" de Miguel Albandoz


Sinopsis:

“Conozcan a Facundo Palomero la tarde en que la fortuna le sonríe con una quiniela de catorce aciertos, lo que despertará una rabia desmedida en su vecina, doña Justa.
Compartan las tribulaciones de Vicente Valladar, cuya vida pende de un hilo si no consigue saldar la deuda que tiene con una familia de malhechores; para lo cual le vendría de perlas el dinero de la quiniela de Facundo.
Asistan a una reunión de la junta directiva de ´Apochical´ y descubran qué es un esponjo, una púlgara o una biela rusa.
Bailen al son de una orquesta capaz de lograr que cualquier melodía suene como el ´Porompompero´.
Diviértanse con las peripecias de la gran estrella del asesinato profesional, las alucinaciones de un carbonero reconvertido en exterminador y los despropósitos de un camarero cojo la mar de desagradable.”


Reseña:

Completamente harta de empezar libros y tener que abandonarlos en la página 41 y sin el menor remordimiento, oigan, ¡sin despeinarme siquiera! (así soy: si en la página 42 no me han enganchado, servidora lo lamenta, mire usted pero ¡no vean la de plancha que tengo!); estuve rebuscando en Amazon algo que me llamara poderosamente la atención.

Parpadearon las luces de neón del letrero enorme que se manifestó ante mis deslumbrados ojos: “MIRIAM, ESTOY AQUÍ, ¡TODO TUYO!”. Como si fuera una llamada “perdida” del destino.

Ea, ahí tuve mi primera carcajada. Nada más leer el título.

¡¡Ese tío debía ser grande!! ¿Alguien que había titulado a su obra “Tengo ganas de morirme para ver que cara pongo”? merecía toda mi atención.

Pero cual no fue mi sorpresa que, al echar un vistazo a las primeras páginas, no sólo mantuve mi sonrisa (como recién planchada), sino que continué  carcajeando y, para mayor inri, pude comprobar, (con gran satisfacción), que había dado “de chiripa” con un fabuloso autor.

Ya tenía que ser un maestro para hacer que, mientras me sujeto el estómago (evitando que vaya a estallar) y me enjugo las lagrimitas que amenazan con vertirse mejilla abajo, aún pueda deleitarme con la construcción de sus frases, con la elección de la palabra adecuada… con la búsqueda incesante de la metáfora, el símil, la comparación o la descripción perfectas:

“En su camino le salió al paso un avieso abejorro del tamaño de un aguacate, que zumbaba con la potencia del motor de un fuera borda.”

“Un sujeto chiquitito que, como el resto de sus compañeros, vestía traje gris marengo, camisa azul y corbata de cuadritos y tenía el pelo y los dientes tan brillantes que, por fuerza, había que entrecerrar los párpados para mirarle de frente.”

“Quienes asistían con regularidad a sus clases gozaban de una fortaleza, un tono muscular y una flexibilidad impresionantes. No obstante, para conseguir esa envidiable forma física tenían que ser valientes, tanto para resistir la atroz combinación de gimnasia, contorsionismo, acrobacia y torturas chinas a la que eran sometidos, como para soportar la propia visión de Lucía Fernández. Porque Lucía Fernández era fea hasta por teléfono.”

Algo, que sólo habían logrado los grandes del humor, todos mis héroes de infancia y juventud.

Y es que, lamentablemente, estamos muy, pero que muy embrutecidos (y entono el mea culpa) a la hora de leer: frases cortas, sin complicaciones, concisas, ¡al grano, vaya!. Tanto que apenas nos molesta la abundancia de repeticiones, a sabiendas de la variedad y de la riqueza del vocabulario que tiene nuestra lengua. Como tampoco nos estorba la desestructuración sintáctica o la monotonía de los textos.

Albandoz domina toda técnica y, además de con elegancia, lo hace con esa gracia “gadivasca” (término que él mismo usa), que le confiere el don de ser un verdadero encantador de serpientes; un humorista, (que no cómico o chistosillo simpaticón), completamente adictivo.

Y es que es “fino” hasta cuando habla por boca de “La Nancy”, que no es otra que la Venancia de toda la vida:

“—Ah, pues yo siempre les hago hincapiés en la necesariedad de que se posicionen el perseverativo —manifestó muy orgullosa Venancia—. Se lo digo muy clarito y les pongo entre la espalda y la pared. Es condición sin escualo: o te posicionas el porsiláctico o no hay servicio. Una de dos: o témpora o mores.”

(Al lorito que lo de los nombres tiene su tela también: Facundo, Virgilio, Evaristo, Hermógenes, Olegario… y de algunos apellidos ya ni hablemos).

Comoquiera que la envidia es muy mala (y ya le estaba hasta cogiendo tirria al Albandoz éste) me he dedicado a buscar “con lupa” el defecto… Pues cero, cero pelotero:

¿Documentación? Impecable;
¿Ambientación? Impoluta; Te creerás estar paseando por la localidad.
¿Descripción de las escenas? Perfectas… o si lo dudan, echen un vistazo a esto:

“El cojo llegó junto a ellos y, cual moderno discóbolo, lanzó el plato a la mesa. Y con notable pericia, dicho sea de paso. Notable, pero no sobresaliente. Cayó el plato sobre la mesa, la chuleta sobre el plato, las patatas sobre la chuleta y dos goterones de grasa sobre la camisa de Evaristo.”

(Atención al cojo, cuya aparición en la lectura me pilló en el metro y temí que los viajeros que me acompañaban en el vagón, se vieran obligados a llamar a un sanatorio mental e internarme).

¿Gazapos?, ¡nada, ni uno! Brillan por su ausencia.

Pero, mira, puestos a tratar de evitar la envidia (que es un pecado capital muy muy muy feo… tanto como pegar a un padre), me empeñé en tratar de hallar coincidencias con mis novelas. Y fíjate que he encontrado varias:

1) El autor comienza su historia narrando capítulos a modo de microrelatos… Ellos van introduciendo al lector en la historia y presentando a los personajes principales. A simple vista, parece que los protagonistas de los mismos, no vayan a coincidir en ningún punto de encuentro con el resto. Pero a partir de uno en particular, la historia se enreda y es donde dejan de ser “micro-relatos” para convertirse en una señora novela.

2) ¿Por qué a ambos se nos ocurrió hacer un guiño literario a “Cumbres Borrascosas”? Claro queee… las comparaciones son odiosas.

Mi guiño (en “Aceptamos marido como animal de compañía”): “El ‘atormentao’ es así, porque así nació y así quiere seguir siendo. Es más, nunca sabremos si es realmente un ‘atormentao’ o si es que es gafe. Delete, delete, delete file from memory. Sal corriendo. ¡Huye del atormentao! Tu vida va a ser algo así como Cumbres Borrascosas en Alcorcón. Y, hasta para vivir un drama, es menester hacerlo con clase.”

Su guiño: “Ni Emily Brontë, el afortunado día en que la musa le susurró al oído el argumento de “Cumbres Borrascosas”, se lanzó a escribir con el vigor y la premura que empleó Hermógenes en aquel momento. Su mano derecha se agitaba sobre el papel como gobernada por un sismógrafo en pleno terremoto.”

3) Ambos hemos decidido, bajo el influjo de una extraña configuración de vaya usted a saber qué astros, reírnos de la muerte. (Yo, en dos novelas y él, de momento, en una)

4) El tipo debe ser un observador nato o tan neurótico como yo al encuadrar los perfiles psicológicos de los personajes. Fielmente descritos. Uno de su padre y el otro de su madre.

Y no me extiendo más. Os la recomiendo 100%. Es una novela divertidísima que se lee en un suspiro y totalmente relajado. Esencial para las vacaciones de Semana Santa o Navidad o Verano… Es decir, cuando tengas mucho tiempo para dedicarle a la familia pero mucha necesidad de evadirte de la misma. E imprescindible para producir endorfinas.

Lo dicho: Quevedo, Lope de Vega, Shakespeare, Arniches, Jardiel Poncela, Muñoz Seca, Antonio Lara (Tono) MURIERON y a Eduardo Mendoza le duele la cabeza… ¡¡Nos queda Miguel Albandoz!!

jueves, 3 de abril de 2014

DEFINICIÓN DE RELACIÓN (o estado civil) EN FACEBOOK ¡Vaya tela!


Estaba pensando yo (que, a veces lo hago) en lo poco determinante y pelín incongruente que es el Facebook para eso de definir, en tu perfil, tu estado civil o tus relaciones.

Porque, digo yo, ¿Qué significa ser o estar “Viudo”?.

Si el señor en cuestión está de “toma pan y moja”, las damas se van a atar los cinturones de seguridad, se van a calzar el casco y el mono y se van a tirar de cabeza a la chepa del susodicho pavo: “¡Pobrecito mío, viudito tan joven y tan jamón!”.

Tal vez convendría especificar “Viudo porque yo lo quise”.

Eso, no sé vosotros, pero yo lo traduciría simultáneamente por un “La maté porque era mía”.

¿O que tal “Viudo y padre de siete criaturitas en busca de asistencia doméstica económica o en tarifa plana las 24 horas del día"?

Vayamos al frecuentado “Casado”. Y eso, ¿qué nos dice? Hoy en día, te encuentras con cientos de hombres apoyados en la barra del bar, cualquier noche de agosto, con una sospechosa marca blanca que forma un arito en la bronceada mano del individuo en cuestión.

¿Qué tal: “Casado, de Rodríguez, que tengo a la santa y a la suegra con los niños en Entrepenes en Asturias”?

¿O “Casado pero no le hago ascos a ná”?

¿O “Casado pero me estoy divorciando”?

¿O, simple y llanamente: “Casado, cansado”?

De todas formas, ya aviso a navegantes: los que han escrito “Casado” en su perfil es porque sus parientas les abrieron la cuenta en Facebook… y, aun así, lo mismo os ocurre lo que a mí que, en cuanto me despisté y volví a meterme en su cuenta, ya no se detallaba estado civil (¡¡Será cabbb…….AZO!!) aunque, claro, no sé de qué me asombro, si dice que no se pone el anillo de casado ¡¡Porque le está pequeño!!. Así que, en verano, no va a lucir la delatadora marquita blanca en el moreno dedo corazón.

También puedes leer, en muchas ocasiones, “Comprometido”… A ver, a ver… comprometido, ¿con qué? ¿Con el medio ambiente? ¿Con Hacienda? ¿Con la hipoteca del piso?

Si nos vamos al “Soltero” yaaa… todo es muy confuso. ¿Soltero y entero? ¿Soltero porque quiero? ¿Soltero porque alguien debió hacerse un zumo con mi media naranja? ¿Soltero porque me plantaron en el altar? ¿Solterón? ¿Feo? ¿Raro de cojones?... Hay muchas lecturas, dependiendo de la edad.

Seguimos con el “Tiene una relación”. Ufff, pero, ¿con quién?: ¿Con los vecinos? ¿Con el del kiosco que le guarda el diario, cada mañana? ¿Con su madre?

Estos, además, suelen ser muy indecisos. En este mes “tienen una relación” y, al mes siguiente, están “solteros”. Si pasado el trimestre, vuelve a aparecer la frase “Tiene una relación”, te dan ganas de preguntar “Pero, ¿es con el/la de antes o es con alguien nuevo?”.

Los magistrales jetas del Facebook son los que te plantan el “Tiene una relación abierta”, ¡vamos, oiga, guarde la compostura, haga usted el favor! ¿De verdad está convencido de que va a picar algún mentecato? Es como alzar una pancarta ondulante al viento que rece “Vas a ser la otra”, “Tengo el corazón grande, el pito desatao y tú lucirás sendos y hermosos cuernos” o “TeVIadepegaL unas venéreas que no se las va a saltar ni un gitano”.

Y yaaaaa, la gibamos cuando nos encontramos el “Tiene una relación complicada”. Eso digo yo, ¡¡eso sí que es complicar las cosas!! ¿Alguien ha aceptado una amistad de una persona que afirma “tener una relación complicada”? En mi humilde opinión, “una relación complicada” se tiene con una oveja (ella, en el campo, él en la ciudad… la postura a adoptar no aparece ni en el Kamasutra…), con un delfín (¿Cómo? ¿Por donde? ¿Y el oxígeno?), con la secretaria a la que quieres BAJAR las bragas pero lo que tienes es que BAJARle el sueldo o... ¡Con la suegra!

Lo que sí sería concluyente sería aplicar una descripción interactiva al elemento que cambie su estado civil más de diez veces en el año, publicando directamente “INESTABLE EMOCIONAL”, “BIPOLAR” o “RECIÉN ESCAPADO DEL CIEMPOZUELOS”.

Se admiten opiniones, opciones y otras apuestas. Ea, abrimos tema de debate.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Reseña literaria de "Un asesinato algo embarazoso" de C. Pérez de Tudela

Sinopsis:
Aunque todo indicaba que moriría sola y devorada por su gata, Daphne se ha casado y su soltería se ha borrado de un plumazo. Ahora trabaja en la televisión, tiene su propio programa de radio y aún escribe para la revista In Style. Todo ha cambiado salvo una cosa: Sigue siendo un completo desastre.

Su vida se pone del revés, una vez más, cuando se entera de que van a rodar una película sobre la bochornosa aventura que protagonizó en el pasado. A la vez, el asesinato de una top model y un enigmático personaje llamado Tiechris vuelven a situarla en el centro de una investigación policial. Y aunque la cadena de crímenes parece estar relacionada con la película, la aparición de la actriz Lindsay Sloane dándole vida en la ficción y la de Kathleen Tramell, una misteriosa escritora de novelas de intriga, complicarán aún más su resolución. De nuevo Daphne se verá obligada a investigar junto a sus amigos el que será el caso más complicado de su carrera.

Además descubrirá que está embarazada. Y así, con las hormonas revolucionadas, el peso por las nubes y un humor de perros, deberá darle caza al asesino antes de que mate a una nueva víctima.

Autor:
Carlos Juan Pérez de Tudela es toda una caja de sorpresas. Un VAÚL DE LA PIQUER!!!.
Para que os hagáis una pequeña (ligerísima) idea del humor que tiene este hombre, en mi último encuentro con él, sufrimos un incidente realmente grave (os lo juro por mi muro)… de ese tipo de sucedidos en los que sueles decir: “Algún día nos reiremos de esto”. Bien, pues… cuarto de hora más tarde, ya nos estábamos mondando de la risa.
En definitiva, es de los míos: “si nos podemos reír ahora mismo, ¿para qué vamos a esperar más?”.

Diplomado en Criminología con Máster en Psicología Conductual por la Universidad Miguel de Cervantes de Barcelona. Autor de “Disparatado Asesinato en el Upper East Side” (primer autor varón que escribió un chick lit en España) y co-autor (junto a Anna Flores y Marc de Jaime) de “Mindcoaching elementalMENTE”

Mi opinión:
El autor, claramente, ha madurado como tal. Si bien en la primera parte de esta trilogía (sí, ya se ha dicho: va a ser trilogía) cometía algún que otro error ortotipográfico, ortográfico o incluso gramatical, en esta ocasión Pérez de Tudela ha adquirido mucha más soltura y un más esmerado estilo. Eso es evidente desde la primera página. (Algún error hay… pero apenas lo notas y, al final de la presente os haré saber por qué no me da la gana de citarlos).

En paralelo, ha hecho madurar a su protagonista sin perder ápice de su peculiar modo de ser. Daphne ha abandonado su papel de solterona amargada para ser una exitosa comunicadora (en radio y televisión), amante e insegura esposa y tortuosa e indecisa futura madre y esto le hace ser mucho más divertida y ocurrente que en la primera entrega.

Si, en la primera parte, las mujeres nos quedamos boquiabiertas con todo lo que un señor podía saber al respecto de lo que nos ocurre a las señoras en época menstrual… ¡Ya no os digo lo mucho que sabe sobre embarazos! Y lo bien que documenta Nueva York que parece que haya estado viviendo allí una larga temporada. Es todo un investigador y un buen documentalista.

La trama también ha ganado en intriga. El autor recurre a hacer un guiño literario a Agatha Christie y a su novela “Diez negritos” y, a la vez, te hace recordar a “Asesinato en el Orient Express” (por aquello del “entre todos la mataron y ella sola se murió”, (en ese caso, él, ya que se trataba de Samuel Ratchett) porque, en cada capítulo, sospechas de todos y cada uno de los personajes y no te enteras de quien es el verdadero criminal casi hasta la última página, (bueno, exactamente entre las quince páginas finales).

Todo esto y el que, a cada dos por tres, te mondes de la risa con las situaciones en las que ella solita se mete (aún me la imagino escondida en una cámara refrigerada para cadáveres, tratando de explicar a su amiga Ashley que necesitaba ayuda) ya es un todo un éxito como literatura de humor.

Habrá quien critique negativamente el que se incluyan todas estas escenas cómicas en mitad de una intriga, ya que las encontrarán “entorpeciendo o desviando la trama principal” pero, os lo aseguro, a mí me resultan refrescantes y desestresantes precisamente de eso, de tanto misterio. Y, a la vez, muy descriptivas del perfil psicológico de la protagonista. ¿Por qué, quién, en su sano juicio, si no es ella, en uno de los peores momentos de su existencia, puede pensar del modo que describo a continuación?:

“¡Caray la que está liando ella solita! Esto parece el final de “Titanic”, un momento lacrimógeno y racionalmente absurdo a más no poder. La diferencia es que aquí la gorda soy yo.
«¡En ese tablón cabían dos!», pienso recordando el final de la película.”

Es, como siempre he dicho que somos las mujeres. Empezamos un tema, lo enlazamos con otro totalmente distinto…, a mitad del camino nos acordamos de otro detalle y luego terminamos el segundo asunto abordado; tras éste, el primero y ya no nos acordábamos de qué queríamos decir con el tercero. Pero una buena amiga, siempre te lo recuerda y somos capaces de sacar la conclusión. Un hombre, evidentemente, es imposible que nos siga. Y esta chica (Daphne) no para con su diarrea mental.

Otro punto a favor de la novela es el resto de personajes secundarios: (Marion, Josh, Billy…) Todos ellos muy definidos psicológicamente. Esto me encanta. Puedes saber quién es el que está hablando en cualquier momento de un diálogo sin que el autor te aclare de quién se trata en la acotación. Y, entre todos, el valor añadido: ¡¡Ashley también ha madurado pero es…, si cabe, AÚN MÁS TONTA!! Y no puedes evitar despepitarte de risa cada vez que interviene en una escena.


Los puntos negativos ya se los dije al autor y espero que los corrija en la segunda edición. Así que no os pienso cortar el rollo porque, ya sabéis, que cuando encuentro algo bueno que compartir, me gusta compartirlo con todos. Y este libro os va a hacer pasar un muy buen rato leyéndolo sin prejuicios. Indispensable en vuestra estantería.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Ya están aquiiiiiiiiiii... (léase con la voz de la niña de Poltergeist)


Sí, sí, sí...
ACEPTAMOS
Así que os invito a todos a que acudáis a la presentación de mi nueva novela, el próximo sábado, 14 de diciembre, a las 19:00 horas, en la LIBRERÍA LÉ, del Paseo de La Castellana, 154.- de Madrid.
Tengo unos presentadores de LUJO.
Soy tan Lagartona que me los he "pillado" para yo no tener que decir nada.
Sólo me limitaré a "ruegos y preguntas"...
Ruegos: "¡¿Por qué no nos dejas ya salir de aquí?!"
Preguntas: "¡Pero, ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cómo me han engañado para venir hoy?"
En fin, ya sabéis que estáis cumplidos, jiji... no os obligaré.
Besos gordos,
Miriam L.

lunes, 2 de septiembre de 2013

ANFITRIONES MAL REMUNERADOS



[Fotografía de Paco Díaz]

Cada vez que voy a la playa, me arrepiento de haber ido.

Si vas al Mediterráneo te torras y si te metes en el agua… te da la sensación de estar sudando. Te sientes lo mismito que un garbanzo “haciéndose hueco” en el caldo de un cocido.

Si vas al Cantábrico o al Atlántico… la cosa empeora notablemente. 

Sobre todo si hace el mismo calor que nos ha hecho últimamente en Galicia. (Que ni Galicia es ya lo que era, ¡carajo! Que a España ya no hay quien la conozca). Ni una nube, ni atisbo… por lo que también te sientes como San Lorenzo en la parrilla (boca arriba, boca abajo, boca espalda, boca tripa, boca lado…) y, cuando ya no aguantas más y echas a correr al agua… Aiiiinnnnsssssss ¡¡Qué horror meter la punta del dedo gordo del pie a quince o dieciséis grados!! (vamos... que te das la vuelta sin haber "fichado")

Pero lo peor de todo no es el agua-sopa ni el agua-antártica… ni siquiera la elevada o baja temperatura ambiental. Tampoco el viento de Levante que azota la piel como una madre cabreada. Ni tan siquiera que la arena inunde la bolsa, ponga perdidas las toallas, se te meta hasta en sálvese la parte o forme una mezcla nauseabunda con el aceite del bronceador que no lo quita ni un estropajo de níquel.

Lo peor son los vecinos.

Si no se te plantan ante tus narices los domingueros con la mesa de camping, las sillas, las tumbonas, las neveras, las veinticuatro sombrillas, la suegra, el canario y el perro; los cinco enanos cojoneros que no hacen más que corretear y sacudirte arena a los morros haciendo excavaciones y túneles, puentes, acueductos, castillos y otras infumables construcciones que harían estallar, de nuevo, la burbuja inmobiliaria; gritarte en todo el orejo justito cuando tú quieres dormir la siesta y llenarlo todo de basurita… se te ubican los quince canis con sus novias chonis de periferia con el “loro” cargado con el cedé del “apestoso-mix” a 1000 decibelios.

Y eso no es todo.

Resulta que el mayor enemigo de todos estos “vecinitos” son las gaviotas, mira tú por donde. Las pobres mías, tan discretas y tan educaditas que ni pían ni mían, ni llevan artilugios, ni música molesta, ni cotorrean a gritos, ni te hacen masticar arena, ni ensucian ni nada.

En todos y cada uno de los grupos de “fauna” citados siempre hay un “orangután” (macacos legañosos en caso de cachorros) o una “bigfoot” (titís en caso de crías) que se pone en pie, de un salto, ante las sufridas aves y corean como si fueran el abominable hombre de las nieves (o de la arena): “¡Grrruaaarrrrrr! ¡Fueraaaaa, laaargooo de aquiiiiiiiiiií!”

Pero, ¡coño! (ejem… perdón… ¡Antoño!) ¡¡Si SON ELLAS LAS QUE ESTÁN EN SU CASA y somos nosotros las inoportunas visitas que inundan su hábitat y su espacio!! Luego me vendrán con los cientos de miles de asociados a O.N.Gs del tipo “Salvemos A Las Ballenas”, “Contra El Maltrato de los Tiburones”, “Matemos A Todos Los Toreros y Bailemos Sobre Su Tumba”, “Evitemos que Los Chinos Se Zampen Perros”, etc… etc… etc…

Ya lo pongo en duda, la verdad. Porque si tienes que abonar una cantidad de dinero a una ONG o una asociación, molestarte en recibir información y leerla, hacerla extensible y divulgarla, recopilar firmas, enviar cartas, hacer trámites… y no eres capaz de comportarte EN UNA MISERABLE PLAYA como un ser humano normal y corriente de forma TOTALMENTE GRATUÍTA y CÓMODA… ¿cómo pretenden que me trague esa bola?

Así que si queréis que todas las miradas se claven en vuestra persona con la intención de asesinaros sin dejar rastro o que, incluso, os caiga alguna bronca gorda, lo único que tenéis que hacer es guardar un poco de pan o de las sobras de la comida y lanzárselo a las gaviotas en la playa.

Por lo que respecta a mí, me encanta practicar este deporte, sobre todo porque lo de tirarse bajo el sol sobre la arena sin hacer nada más es bastante aburrido. O leo, o escribo o… practico el “toca-peloting” con las gaviotas. Os animo a que os adiestréis en esa técnica… como os digo, es mucho más barato que el tenis, el paddle, el golf, el esquí o el surf.

miércoles, 17 de julio de 2013

La pesca (¿Deporte... de riesgo? Sí, para los papás y las mamás)



El niño me salió algo “inquieto”.

Cuando era pequeño me lo diagnosticaron hiperactivo (afortunadamente, se equivocaron). Era todo un cuadro ver la cara de mis amigas cuando venían a visitarme a casa.

El nene gateaba por todo el salón hasta la casita del perro; se metía en ella; sacaba la chuleta de goma con pito, la apretaba haciéndola sonar; la tiraba; volvía corriendo al sofá; saltaba sobre él unas mil quinientas veces… se dirigía al interruptor de la luz, lo encendía, lo apagaba; lo encendía, lo apagaba; lo encendía, lo apagaba; se hacía un sprint hasta la cocina; metía la cabeza en la lavadora; daba unos cuantos grititos flipando con el eco de su voz… abría la nevera; me sacaba las botellas…

—¡Qué mono! —Decía Chus totalmente “ojiplática”, antes de esbozar un empático pucherito: —Pero, ¿cómo puedes soportarlo?

A duras penas, mire usted.

Ese cabroncete era ¡¡El único bebé con ojeras que he conocido en toda mi vida!! Me daban las dos de la mañana, con él en brazos, cantándole nanas (y él desgüevao de la risa), y, hasta un día en que teníamos fiesta en casa, el niño trepó por los barrotes de la cuna y se tiró al vacío de cabeza, regalándose un bonito chichón.

Un horror… un horror todo… sobre todo, lloriquear suplicando en la guardería:

—¡Por favor, no lo pongáis a dormir la siesta!
—Pero, ¿qué siesta? —Se sorprendían ellas. —En la última, por ejemplo, lo hemos estado rodando en vídeo porque cogió una sartén y una manzana y hacía el saque de tenís con un gritito súper-profesional, como Nadal, ¡Qué gracioso!

Muy gracioso, síp.

El caso es que, contra todo pronóstico, a la hora de dar “el callo” el “gracciosso” se convirtió en un vago de órdago. Vamos, ¡más vago que la chaqueta de un sereno! (pidan referencias, si no me creen, en el colegio)

Ahora, su padre lo llama el tío “Kienme” (“¿Quién me coge la Coca-Cola?”, “¿Quién me lleva la mochila?”, “¿Quién me lleva los esquís?”, “¿Quién carga con la tabla de surf?”, “¿Quién me trae una toalla?”, “¿Quién…?”)

Eso digo yo: ¡¿Quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?! ¡¡QUIÉN!! (Especialmente, este veranito, estudiando con él, que parece que sea servidora la castigada)

Ahora, es más de hacer “musculatura” con los dedos para jugar a la PlayStation. Que digo yo: en un término medio está la perfección. Y, el pasado verano, mira tú por donde, tuvimos una gran idea. Al niño le llamaron la atención los pescadores de San Vicente de la Barquera. Su papi le compró un kit de pesca y, ¡hala, a pescar!

Sin ánimo de ofender a los pescadores, ¿de verdad, tienen ustedes la cara de llamar a eso “deporte”? Vamos que, en mi humilde opinión, y dada la vagancia supina del chavalín, ¡no le podía ir más al pelo! Estarse las horas sentadito, con los... “esos” bien apoyados, esperando que algún pez despistao muerda el anzuelooo... Ahora que, también tendrá tiempo de hallar paz, calma y equilibrio, ¿no? No debe estar tan mal.

La tragicomedia se nos planteó en el momento en que compramos cebo vivo. Ver a su padre, cogiendo los gusanos era todo un show: —¡Igggs… aiiiich…. Nene… ¿Dónde está tu tío? ¿Ha dicho que veníaaaa? ¡Argsss! ¡Beeeggg!

El primer día de pesca (es vago pero afortunado) ¡Pescó una sepia! Tan contentos nos pusimos. ¡El chico se la cenó! La sepia no daba para todos, claro está. Era lo mismo que poner una albóndiga para ocho comensales.

Y el segundo, la pesca no llegó a casa. La suerte del principiante hizo que picara un pulpo. Aquel pulpo era Paul o uno de sus descendientes. Todo un superviviente. Un luchador nato. Se puso a tirar como un loco de la cuerda, tratando de huir. El espectáculo que estaban dando (el muchacho, el tío y el padre) tirando de la caña, hizo que todo el mundo alrededor se pusiera a observarlos (esperaban, fijo, a Nessi, fugado de el Lago Ness). Enseguida, vino el pescador benefactor que les ayudó a capturarlo.

Lo malo es que la pesca del pulpo, ¡estaba prohibida!. Así que, le regalaron la pieza al “asistente de pescadores pardillos” y el tipo se la echó a la mochila, como unas castañuelas.

La risa floja nos dio a todos cuando nos imaginamos si se llegase a encontrar con la policía y al pulpo le diera por asomar los tentáculos fuera del petate. "¿Algo que declarar?" "Pues, nada mire usté, aquí paseando... buen tiempo, ¿eh?"

La tercera vez ha sido en el Pantano de Valmayor. De algo estoy segura: mi costilla es un buen padre. ¡Tirarse las horas muertas bajo el sol en una meseta que más que a la Mancha se parece al desierto del Sahara y aguantando a cuatro monstruos! Ya le vale, ¡pobre hombre! (yo, en la piscinita, tan ancha y fresquita) Ni sé como no le dio el sarampión.

Y la pieza, en esta ocasión: un señor Lucio de 60 centímetros.

No me extraña que haya gente por ahí que prefiera hacerse vegetariana. El Lucio (un bicho feo, feo, feísimo donde los haya) ¡¡venía con vida!! Pero…, ¿a nadie se le ocurrió la idea de liberar al animal de ese sufrimiento?

—Yo he dicho que le tiráramos una piedra a la cabeza, te lo juro…
—¿Y para qué llevamos la navaja? ¡Lo teníamos que haber apuñalado!

Escucharlos hablar… ¡¡daba grima!!

Y, ahora, venía lo peor: ¿Quién meeeee………. ¡lo cocina!?

¡Aaaarrrggg! Mira que les dije que yo, como Antonio Recio, que SOY MAYORISTA Y NO LIMPIO PESCADO.

En fin…, hace dos noches que el pobre Lucio (¡Dios lo tenga en su gloria!) forma parte de nuestro organismo. Marinado, durante tres horitas, con aceite, vinagre, sal, pimienta, anchoas, alcaparras, el zumo y la rayadura de un limón, un chorrito de vino blanco y al horno.

A ver si para la tercera pesca... ¡¡me traen el sireno!!