viernes, 25 de abril de 2014

PLATAFORMA ESCOLAR (collejas virtuales a nuestros peques o El Día de Santa Plataforma Bendita-toa)

Hoy en día, resulta que en el Cole de los niños nos cascan una PLATAFORMA ESCOLAR.

Antes (antaño, en los viejos tiempos), tú hacías una trastada y los profes te castigaban a la hora de la salida a quedarte una hora más “haciendo planas” (que era copiar 'CIENES Y CIENES' de veces que no debías hacer lo que habías hecho). Al mismo tiempo, llamaban a tus padres y venían a recogerte, con cara de mosqueo.

El profesor (o señorita) volvía a relatar (a él o ella, dependiendo de quien estuviera más cabreao, que era siempre el que se echaba a la calle con más ansia) tu hazaña y papá o mamá te arreaban un collejón con la orden:

—¡Anda y tira p’a casaaaa, degggggraciaaaaaaá!

Al regreso, el que te hubiera conducido al hogar, se lo narraba con todo lujo de detalles al que estuviera esperando. Así te caía otro zapatillazo más que, miraa, Bruce Lee podría esquivar un hostión enemigo o hasta una bala de revolver pero fijo, fijo, que un lanzamiento de zapatilla de mamá ¡¡Lo daba, sí o sí!! ¡Vaya si lo daba!

Bueno, pues os explico. La plataforma escolar es una especie de FACEBOOK de padres, madres, profesores, tutores, secretaría y otro personal del centro. Que hasta tenemos las fotitos y todo colgadas.

En ella te muestran el horario del niño, los deberes que tienen que presentar cada día, los exámenes que van a sufrir, los pagos que has realizado y los que te quedan por saldar… Las calificaciones (para que no se te olviden, imposible no recordarlas); las circulares, las entrevistas, los mensajes yyyy… ¡¡LAS INCIDENCIAS!!

Las incidencias suelen ser del tipo: Ausencia (cuando el niño no ha ido a clase); Retraso (cuando ha llegado tarde a clase); Comedor (cuando ha tirado la sopa encima del de al lado o se ha dedicado a lanzar migas de pan a la de enfrente); Comportamiento (no hace falta que explique); Uniforme (cuando le falta un complemento en el atuendo tanto deportivo como el estándar) y Observaciones.

Y luego hay una muy cachonda… (que siempre está vacía) que es la de las Felicitaciones.

Pero LO MÁS, MÁS, MÁS CACHONDO DE TODO… ¡¡ES QUE LOS PADRES TIENEN QUE JUSTIFICARLO!!

Aquí yaaaaaaaa… no sé, de verdad, si enseñarán bien a los críos pero lo que sí estoy segura es de lo que MOTIVAN e INSPIRAN MI CREATIVIDAD.

Hay días especialmente simpáticos que yo los nombro como “EL DÍA DE SANTA PLATAFORMA BENDITA” y son esos es los que tienes una jartá de incidencias:

Tras una sesión matutina de esas de “cardio” que nos gastamos el nené y yo… Me siento al ordenador, en cuanto él ha cogido el bus y recibo, a los cinco minutos exactamente:

Incidencia Retraso: Jaime ha llegado tarde a la clase de Ciencias Naturales.
¡¡Pero, coño, ¿llevan una pistola como esas de leer los códigos de barras en los supermercados para el auto-cobro?!! ¡¡¡¡¿Cómo es posible tanta rapidez si son sólo y cinco?!!!!
Justificación: El ascensor no llegaba nunca, luego ha hecho de “coche escoba” en cada piso, que vivimos en un 13 y ha perdido el autobús por muy poquito. Adicionalmente, había atasco en la calle.

Incidencia Retraso: Jaime ha llegado tarde a Lengua.
(Miras el horario y ¡¡resulta que es la primera hora de después del recreo!! Pero… ¡¡vamos a ver!!)
Justificación: El niño me comenta que había mucho atasco en las escaleras.

Incidencia Uniforme: Jaime se ha traído un pantalón verde de chándal en lugar del azul del uniforme de Educación Física.
Justificación: El niño se fue con su padre el fin de semana a El Escorial y se olvidaron allí el pantalón. Una hace lo que puedeeee perooo si le ponen zancadillas yaaaa…

Incidencia Uniforme: Hemos observado en el cambio del uniforme de Educación física al diario que Jaime llevaba un calcetín negro y el otro azul.
Justificación: Lo lamento infinito. Tengo hipermetropía y astigmatismo. Encima, cuando le preparo el uniforme del día siguiente, es de noche. No se volverá a repetir.

Incidencia Observaciones: Jaime no ha traído los deberes de Sociales.
Justificación: Al parecer, creía que eran para el día siguiente.

Incidencia Comportamiento: Jaime ha estado hablando toda la clase y, a pesar de que le he llamado la atención varias veces, no ha cesado en su actitud.
Justificación: El niño recibió una pedrada en el cráneo cuando era pequeño.

Jooooo… ¡der! Que estoy esperando el día que me llegue la Incidencia: “Jaime ha dibujado un pene y una teta en el libro de francés” A ver si les tengo que decir: “El niño nos descubrió anoche a su padre y a mí viendo una peli porno y se conoce que quería explicársela a su compañero”.

Me queda detallaros lo de la “Orientación Escolar” y lo del TDA (=trastorno de déficit de atención) pero esooo yaaaa… ¡para otro día! Hoy ya estoy saturá de tanta gilipichez virtual.

viernes, 18 de abril de 2014

El esquí un deporte duro y… muy confuso















No sé si os habré comentado alguna vez que las mujeres nos ponemos pesadísimas en el asiento del copiloto:

—¡Mariano, no corras tanto!
—¡Mariano, ten cuidado con ése!
—¡Mariano, te estás quedando sin gasolina! ¿No es ésta manecilla la que te avisa?
—¡Mariano, vaya una mierda que llevas en el coche! Pero, ¿tú ves con esos cristales?

El colmo de la señora plasta es cuando sabe conducir. Esoooo yaaaa es para nota:

—¡Mariano no reduzcas en la curva! Es antes cuando tienes que hacerlo y luego ya, entrado en ella, aceleras.
—¡Mariano, te pongas como te pongas, tú no tienes preferencia! ¡Tienes que ceder el paso!
—¡Mariano, cambia de marcha! ¡Se te va a calar!
—¡Qué mal aparcas, Mariano!

Pues hay algo peor aún. Irte con tu marido a esquiar y que él sea un experto:

—¡Balancéate más para hacer el giro!
—¡Echa el cuerpo para adelanteeeeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡Pon los bastones delante de ti!
—Junta las rodiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiillaaaaaaaaaaaaaaaas…
—¡No hagas tanto giroooooooooooooooo que pierdes velocidad!

Que si los esquís en paralelo, que si voy perpendicular a la pendiente… que así me cuesta hacer curvas, que si mejor oblicuooo… ¡Aich, por favor! ¡Si parece una clase peñazo de Física! ¡Que me deje en paz con mi estilo borreguero-superviviente, si yo lo que quiero es pasármelo bien!

Por consiguiente, he decidido ponerme los cascos con música (y a un volumen casi insoportable) y no hacerle ni puñetero caso.

Lo contemplaba moviendo los labios y meneando la cabeza insistentemente y yo, ¡sin oír ni jota!. Cosa que, por otra parte, me divertía bastante.

De vez en cuando, mantenía el tipo, excusándome:—¡Sí, si yo lo intento! Pero anda, ve tú delante, ve, que te sigo y hago los giros donde tú marques las curvas!

Reduzco la velocidad y permito que se aleje pero él, muy "constante" (todo hay que decirlo), cada cincuenta metros se para y apunta hacia el horizonte, con ayuda de su bastón. Debe ser que me está indicando hacia donde debo ir. Ahora lo que parece es Colón avistando nuevas rutas.

Comoquiera que eso no funciona, me digo "Miriiii..., le das esquinazo a la de tres" y, cuando estoy bajando la pista contraria, chillo pesarosa: —¡Ay, cariiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me he equivocaaaaaaaaadoooooooooo! ¡Se me ha pasaaadooooo! ¡Es que te he perdiiiiidooooo!

Eso no falla.

Con esta inteligente determinación te puedes pasar el día entero haciéndole el avión. “Que si yo cogía el telesilla cuando tú debías estar bajando la pista”; “que esto va a ser que he debido pillar el remonte en lugar del telecabina”; “queee… es que yo esa percha no la he vistooooo”… Pero, claro, tampoco puedes abusar porque lleváis los walky-talkies y, además, los móviles.

En cualquier caso, esto es muy útil para disfrutar de un soplo de libertad, un poco de intimidad, reencontrarte con la madre naturaleza y escuchar tus pensamientos.

Y eso me ha invitado a cavilar y mantener largas conversaciones conmigo misma. Conversaciones que no llevan a ninguna parte y, además, me interrumpo cada dos por tres, que es que soy un loro y no se puede charlar conmigo. Y he concluido que esto del esquí es muy confuso y que no todo el mundo te instruye bien en la materia.

A ver si se creen los monitores que con enseñarte a hacer la cuña, los giros, poner los esquís en paralelo y juntar los tobillos, ya han cumplido. Pues no. Ahí va una buena pila de ejemplos y consejos:

* Si bebes, no esquíes.
* Pero si esquías, no bailes. (Por bonita que sea la canción que estés escuchando).
* Si llevas los cascos, ¡¡por favor, no te pongas a cantar!! (El “oído musical” se va de veraneo y te deja berreando a grito pelao ante miradas desconcertadas que se giran hacia ti, entornan los párpados y arrugan la nariz).
* Si estás en el pico más alto del Veleta, ¡no atiendas al teléfono móvil!
* Y si estás atendiendo al móvil, no hagas pastelero caso de los walky-talkies y viceversa.

Ejemplo práctico: Alguien me ha llamado y ha escuchado lo siguiente:

—Yeaouuuuuwooouuuuu… (¡CHAFFFFSSSS!) …¿Hola? ¿Quién eres? No te veo… ¡halaaaaaa, a tomar por culo el bastón!… ¡OYE, PERDOONAAA! ¡SÍ, TÚ! ¿ME LO EMPUJAS POR FAVOR?... … … A ver, ¿quién dices que eras?

En definitiva, cuando me he vuelto a poner el móvil en el orejo y he decidido dirigirme al emisor, ya no había nadie. O lo he asustado, obvio.

A los dos minutos, llama mi madre: —¿Hola? ¡No te veo!
—¿Cómo que no me ves?
—¡Ah, eres tú, mamá! Pues no. Veo menos que Pepe Leches porque hay mucha luz y no se lee la pantalla y, encima, con estas gafas de sol… ¡Voy a tener que graduármelas! ¿Eras tú la que ha llamado antes?
(Me suena el walky-talky y escucho la voz de mi hijo: —Brrrjjjmá, que… brrjjj… cafetería… brrrjjj… el telesilla de La Laguna… brrjjj… bla-bla-blá, ¿vale?)
—No. —Responde ella. —Es la primera vez que llamo. ¿Qué tal? ¿Os hace buen tiempo, entonces?
—Sí, bien, estupendo… un sol que quema… espera quee ¡No sé qué me dice el monstruo!
—Oye, pues nada, sigue a lo tuyo, no lo pierdas de vista —¡Bendita inocencia! Menos mal que no nos ve y, lo mejor: menos mal que no sabe por donde nos metemos— Y que lo paséis bien pero tened mucho cuidado con la nieve, ¿eh? Que con esto del deshieeelooo…

Le pego un buen “campaneo” a Jaimete: —(PIRURIRURIRURÍ) Jaime, hijo, ¿Que qué decías?
—¡Ay, mamá, no te enteras de nada! ¡Tú a lo tuyo!
—A ver, hijo, ¡la yaya me estaba hablando del cambio climático y el calentamiento global!

Otro inconveniente es la señalización de las pistas. Te ponen un palo de color azul. A los diez metros, otro. A los veinte, ¡ya es rojo! Y, con suerte no pillas uno negro que ya te confirma que te has pasado a un tramo peliagudo.

Pero lo más peligroso es cuando dejas de verlos. Impepinablemente tenía que haber un cartelito visible, cada metro, donde te pusiera:
“PISTA”
Y/u otro que rezara: “NO PISTA, ¿te pispas?”.

De lo que te pispas es que estás terriblemente sola. No hay nadie a diez kilómetros a la redonda. Puedes escuchar perfectamente los latidos de tu corazón. Y, a medida que bajas, tienes que sortear los pedrolos de hielo que van rodando a tu lado.

El cartel de “BAÑERAS”. Pues no sé yo. Te podían avisar que no se tratan de esas en las que echas las sales de baño.

El de “PISTA DIFÍCIL” podrían sustituirlo con un simpático: “A VER, OIGA, ¿ANDE VA? ¿SE CREE USTED BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA?”

Lo del cartel de “SÓLO EXPERTOS” también tiene su aquel. Porque todos sabemos que hay días en que tienes los biorritmos altos y te comes el mundo. En determinados casos, debieran señalizar un clarísimo “SÓLO SUICIDAS”.

¿”SNOW PARK”? Pero, ¿qué te dice eso, a ver? Tenían que poner un letrerón gigante donde se dirigieran al honorable con un: “¡NI LO INTENTE, SEÑORA, POR LOS CLAVOS DE CRISTO, NO SEA USTED INCONSCIENTE!”

Cuando has pillado una pendiente de 80%, una buena capa de hielo, y vas con tal cara de velocidad que te pareces mucho a la hormiga atómica, te encuentras de sopetón con un cartel enorme que te dice “¡¡DESPACIO!!”. No sé como iría Mariano en la curva pero yo como que me tiro al monte.

Aunque puede ser peor. El que pone “STOP”. ¡Ése ya sí que es cachondo!

Y lo más de lo más es cuando te cascan “¡¡¡ATENCIÓN, CRUCE!!!”, que yo no tengo faros de luz larga ni llevo claxon, así que ya optas por el:
—¡¡JORRRRRLLLLLLL, QUE VOOOOOOOOOYYYYYYY!!

El que más se presta a equívocos (sobre todo para las solteras principiantes) es el que te endilgan a la entrada de los telesillas. Hay cuatro filas y una al lado en que puedes leer:
“ENTRADA INDIVIDUAL PARA COMPLETAR SINGLE”.

No, bonita mía. No te creas que vas a conocer un maromo que te va a guiñar un ojo y confesarte que tú “lo completas”. Todo lo más, si haces buenas migas en el camino y el trayecto es largo, vais a hablar del tiempo, de en qué zona hay más hielo y en cuál otra hay nieve blanda. Por mucho que trates de extender la conversación, en cuanto desciendas, ahí mismo se acabó el tema. Te prevengo que aunque el pollo esté cañón (pero como los de Navarone) no hay botón de stop como en los ascensores.

Y todo eso, si no te llaman al móvil y te gritan lo de: “Mamáaaaaa, ¿Que dónde estaaaaaaás? (aunque puede ser peor: te podrían llamar abuela).

Hoy, sin ir más lejos, “he completado un single” en uno de esos telesillas. ¡Bueno, bueenoo, bueeenooo!… ahí estaba servidora, rodeada de snow-boarders de no más de 30, divinos de la muerte. He puesto tal cara de felicidad que, para que no se me notara mucho y me tacharan de vieja verde, he disimulado quitándome las gafas, cerrando los ojos y poniéndome de cara al sol, muy sonriente, como si estuviera disfrutando de esos rayitos a tope.

Lo malo es que cuando he creído ver a mi costilla y al nené, he silbado como un cabrero (con los dos dedos sobre mi lengua) y, después de dejar sordos a esos efebos de Miguel Ángel y mirarme desconcertados… ¡¡RESULTA QUE a los que he llamado como Pedro el de Heidi, NO ERAN ELLOS Y SE HAN QUEDADO CON CARA DE PEZ!! (apunte para mí misma: ¡tengo que graduar las gafas de sol, sin falta!)

Claro que es mucho más práctico llevar los cascos, así no tienes ni que dar conversación.

A todo esto, si coincides en el telesilla con tu santo “experto” deja de martirizarte con el estilo adecuado y la postura más idónea para practicar esquí, para catequizarte con otras actitudes y comportamientos del tipo: “Pero, ¿fumando, otra vez? ¿Es que no puedes dejar de coger un telesilla sin encenderte un pitillito?” o “Haaalaaaa, bebiendo como un Kosaco, pues vaya una deportista estás tú hecha”.

El pavo del niño, en plena adolescencia, parece haberse confabulado de maravilla con el papá, a la hora de meterse conmigo (cosa que fastidia sobremanera porque, generalmente, se “asocia” con mamá para meternos los dos con él): “¡hala, mamá, por favor, mira quee no ver la pista! ¡Pero si ésa es como Roma, que todos los caminos conducen allí ¿No sabes que hay una cosita que se llama plano de pistas o mapas y se regalan en las taquillas del forfait?” (Ains, ¡qué cargantes!) Así que la frase más pronunciada por mí en estas vacaciones ha sido: “Mira, niñññooo, ¿te crees muy guay?”.

Otro apunte, para mí misma y para los que deseen ser bien aconsejados: Si vas a llevar cerveza en la mochila, ten la precaución de no caerte o no menearte en demasía. Y si, desatendiendo a este consejo, la abres, procura no hacerlo en el telesilla cuando vayas acompañado.

De todas formas, ya os prevengo (a las solteritas, que me desviaba del asunto) que si lo que pretendíais era ligar, mejor ir de vacaciones a un crucero que del barco ¡NO ESCAPA NI UNO VIVO!. Que esquiando una no liga, que no. Que ellos van p’allá, pero tú tiras p’acá… que tú ruedas pendiente abajo y ellos o están subiendo o no solo no te ayudan a levantarte, no, es que ¡derrapan y te lanzan nieve sobre tu cara!. Que no os engañe el cine hollywoodiense. Aquí no hay caballeros, hay trogloditas.

Aunque, claro está, si se le ocurre ponerse ante ti, con los brazos abiertos de par en par para abrazarte o incluso pedirte en matrimonio, cuando estás cayendo a toda leche por una ladera, lo mismo te sorprendes escuchándote gritar: ¡APARTA, SUBNORMAAAAAAAAAAAAAAAL!

Otro de esos “momentazos” que dar lugar a que te hagas líos es ese en que tomas una percha y aquello no hace más que suuuubiiiiir y suuuuubiiiir. Tú miras abajo y, vamos que no se puede estar más elevado y lo que se supone pista y está a tu ladooooo… no puede ser más vertical. Pero, enseguida te pones a observar a los “miserables enanos” que te acompañan en el viaje y te consuelas: “¡Vamos, hombre, estos champiñones no pueden esquiar mejor que tú! Especialmente, cuando llevas diecinueve tacos practicando con asiduidad y ellos no cuentan más de cuatro”.

¡¡Pues te has pasado de lista!! Los canijos con casco ésos te van a pegar unas pasadas que no se las va a saltar ni un gitano. Y no veas como se cuelan en las filas que también te sortean por delante, por detrás, por un lado, por el otrooo… y, si te pones pelmita, se te cuelan entre las piernas. Que, súbitamente, te crees presa de una marabunta que no va a dejar de ti, ni el esqueleto.

Ahí va otro consejo muy práctico. En las estaciones de esquí el Karma está siempre muy presente. Es decir, no te vayas a reír de la pobre vaca esa que se ha caído de culo… porque detrás vas tú. O de tu santo experto que al impartir sus lecciones va y se pega el costalazo. Como se te ocurra decir “¡te jodes!”, en menos que canta un gallo te ves besando nieve (y esperemos que no sea amarilla, tú ya me entiendes).

Pero, sobre todo, hay carteles que una echa de menos poderosamente:

El primero: "Despegue sus dientes de nuestros postes, por favor".

El segundo, el de “ASEOS”. Estás en la cúspide de una pista y es que te lo haces encima. No sabes para donde tirar. Tenían que indicarte qué aseos están más cercanos:

“A 100 metros, aseos”; “A 50 metros, aseos, no te despistes”…; “A 20 METROS, ASEOS, VE DESPELOTÁNDOTE, MUÑECA”. Porque no sabe nadie lo que es desnudarse entera (con tanto trasto como vestimenta) para hacer pis.

Un cartel muy necesario es uno que te avise que cuando vas a toda leche, colina abajo y temes por tu vida, quizás no sea conveniente que vayas reduciendo velocidad. Porque, ¡zas!, así de repente, sin previo aviso, ¡¡te topas con una cuesta arriba empinadísima!! Y te quedas con cara de gilipollas.

En estos casos, (lo aclaro para el que no haya esquiado), tienes que REMAR.

Un cartel del tipo: “¿TE APETECE REMAR? ¡¡PUES ACELEEERAAAAAA!!” sería de lo más agradecido.

“Remar” no es eso que hacen los enamorados en el estanque de El Retiro los domingos por la tarde, no. “Remar” es ponerte a deslizar los esquíes, con todas tus fuerzas (imaginaos: pendiente arriba). Me explico: tú adelantas los bastones, flexionas las rodillas, te quedas culo en pompa y emites los mismos sonidos que los ancianos cuando se levantan del banco del parque después de haber estado contemplando las obras.

O sea, ¡la repanocha!, te dan ganas de dejarte caer fuera de pista. Da igual ya lo que te pase.

Pero, puede ser peor: cuando ya casi lo estás consiguiendo, ¡te llaman al móvil o al walky-talky y, entonces ya no respondes con normalidad! En toooooooooodaaaaaaaa la montaña se escucha un eco atronador que brama:
“¡¡MEVIADECAGALENTOASTUSMUELAS, JOOOO-DER (der, der, der, der...)!!”

Aunque también HAY CARTELES QUE SOBRAN. Hoy, sin ir más lejos, al tomar una percha (algo complicadilla, todo hay que decirlo) había un letrero donde estaba visible la frase: “MÁXIMO DOS INTENTOS”. ¡Hombre, por favor! Eso atenta contra la fuerza de voluntad y el afán de superación humanos.

Y, a propósito del walky-talky, por favor, sintonízalo bien con tu familia. Y, si no estás segura de que todos tengáis el mismo numerito en la pantalla, ¡NO HABLES ANTES DE ESCUCHAR!. Ahí va ejemplo:

—(PIRURIRU)
—Que síiiiii, que estoy en Las Truchaaas, que te estoy esperandoooooo. Que te estoy esperando, aquí, desnuda. —Lo que estaba esperando es que me dijera, inmediatamente después de escucharme, que nos íbamos ya al apartamento, claro. Que, además, ya era hora.
—Oye, pues hazme señas con los bastones, no vaya a ser que no te vea. —La voz que hablaba no correspondía ni a la de mi hijo, ni a la de mi costilla, alias el experto.

Así pasa que durante tus bajaditas no haces más que escuchar conversaciones del tipo “¿De qué queréis la pizza? ¿Cogemos algo más?” que te dan ganas de decirles que se pillen unas seis cervecitas.

Y aquí llego a otro detalle anteriormente citado: las palabrotas. Creo que este deporte fue el que me aficionó a mí a ser tan palabrotera. Pero es que, no sé por qué, te consuelan.

Os lo demuestro con otro ejemplo: tú vas esquiando y estás viendo acercarse el talegazo mediano. Bueno, pues dices:
—¡Coño, coño, coño, coño!
Cuando ya estás en ello (más concretamente, rodando):
—¡Hossssssssssstiás!
Y, tras levantarte: —¡¡Sssssu putttttamadre!!
Y te quedas tan ancha, oye. ¡Milagroso!

Otra cosa muy confusa es que, a dos minutos de que cierren la pista, no sabes explicar el motivo por el cual te entran unas súbitas ansias de coger el último remonte, que lleve al último pico de la última cima de toda la estación y, en el último minuto, para “aprovechar bien el día” y poder estar esquiando hasta una hora u hora y media más.

Pues, ea, poseída por esa demoníaca sensación, te sorprendes desgañitándote cuesta abajo para llegar a tiempo y luego sacudir caderazos con el resto de “ansiosos” que llegan a la fila, al mismo tiempo que tú. ¡POR FAVOR, DEJA ALGO PARA MAÑANA!

Y, no por ser lo último es lo más importante. Que no te quepa la menor duda de QUE EL MOMENTO MÁS PLACENTERO DEL DÍA DE ESQUÍ ES …………………………………………............


¡¡CUANDO TE QUITAS LAS BOTAS!!

jueves, 10 de abril de 2014

Reseña literaria de "Tengo ganas de morirme para ver que cara pongo" de Miguel Albandoz


Sinopsis:

“Conozcan a Facundo Palomero la tarde en que la fortuna le sonríe con una quiniela de catorce aciertos, lo que despertará una rabia desmedida en su vecina, doña Justa.
Compartan las tribulaciones de Vicente Valladar, cuya vida pende de un hilo si no consigue saldar la deuda que tiene con una familia de malhechores; para lo cual le vendría de perlas el dinero de la quiniela de Facundo.
Asistan a una reunión de la junta directiva de ´Apochical´ y descubran qué es un esponjo, una púlgara o una biela rusa.
Bailen al son de una orquesta capaz de lograr que cualquier melodía suene como el ´Porompompero´.
Diviértanse con las peripecias de la gran estrella del asesinato profesional, las alucinaciones de un carbonero reconvertido en exterminador y los despropósitos de un camarero cojo la mar de desagradable.”


Reseña:

Completamente harta de empezar libros y tener que abandonarlos en la página 41 y sin el menor remordimiento, oigan, ¡sin despeinarme siquiera! (así soy: si en la página 42 no me han enganchado, servidora lo lamenta, mire usted pero ¡no vean la de plancha que tengo!); estuve rebuscando en Amazon algo que me llamara poderosamente la atención.

Parpadearon las luces de neón del letrero enorme que se manifestó ante mis deslumbrados ojos: “MIRIAM, ESTOY AQUÍ, ¡TODO TUYO!”. Como si fuera una llamada “perdida” del destino.

Ea, ahí tuve mi primera carcajada. Nada más leer el título.

¡¡Ese tío debía ser grande!! ¿Alguien que había titulado a su obra “Tengo ganas de morirme para ver que cara pongo”? merecía toda mi atención.

Pero cual no fue mi sorpresa que, al echar un vistazo a las primeras páginas, no sólo mantuve mi sonrisa (como recién planchada), sino que continué  carcajeando y, para mayor inri, pude comprobar, (con gran satisfacción), que había dado “de chiripa” con un fabuloso autor.

Ya tenía que ser un maestro para hacer que, mientras me sujeto el estómago (evitando que vaya a estallar) y me enjugo las lagrimitas que amenazan con vertirse mejilla abajo, aún pueda deleitarme con la construcción de sus frases, con la elección de la palabra adecuada… con la búsqueda incesante de la metáfora, el símil, la comparación o la descripción perfectas:

“En su camino le salió al paso un avieso abejorro del tamaño de un aguacate, que zumbaba con la potencia del motor de un fuera borda.”

“Un sujeto chiquitito que, como el resto de sus compañeros, vestía traje gris marengo, camisa azul y corbata de cuadritos y tenía el pelo y los dientes tan brillantes que, por fuerza, había que entrecerrar los párpados para mirarle de frente.”

“Quienes asistían con regularidad a sus clases gozaban de una fortaleza, un tono muscular y una flexibilidad impresionantes. No obstante, para conseguir esa envidiable forma física tenían que ser valientes, tanto para resistir la atroz combinación de gimnasia, contorsionismo, acrobacia y torturas chinas a la que eran sometidos, como para soportar la propia visión de Lucía Fernández. Porque Lucía Fernández era fea hasta por teléfono.”

Algo, que sólo habían logrado los grandes del humor, todos mis héroes de infancia y juventud.

Y es que, lamentablemente, estamos muy, pero que muy embrutecidos (y entono el mea culpa) a la hora de leer: frases cortas, sin complicaciones, concisas, ¡al grano, vaya!. Tanto que apenas nos molesta la abundancia de repeticiones, a sabiendas de la variedad y de la riqueza del vocabulario que tiene nuestra lengua. Como tampoco nos estorba la desestructuración sintáctica o la monotonía de los textos.

Albandoz domina toda técnica y, además de con elegancia, lo hace con esa gracia “gadivasca” (término que él mismo usa), que le confiere el don de ser un verdadero encantador de serpientes; un humorista, (que no cómico o chistosillo simpaticón), completamente adictivo.

Y es que es “fino” hasta cuando habla por boca de “La Nancy”, que no es otra que la Venancia de toda la vida:

“—Ah, pues yo siempre les hago hincapiés en la necesariedad de que se posicionen el perseverativo —manifestó muy orgullosa Venancia—. Se lo digo muy clarito y les pongo entre la espalda y la pared. Es condición sin escualo: o te posicionas el porsiláctico o no hay servicio. Una de dos: o témpora o mores.”

(Al lorito que lo de los nombres tiene su tela también: Facundo, Virgilio, Evaristo, Hermógenes, Olegario… y de algunos apellidos ya ni hablemos).

Comoquiera que la envidia es muy mala (y ya le estaba hasta cogiendo tirria al Albandoz éste) me he dedicado a buscar “con lupa” el defecto… Pues cero, cero pelotero:

¿Documentación? Impecable;
¿Ambientación? Impoluta; Te creerás estar paseando por la localidad.
¿Descripción de las escenas? Perfectas… o si lo dudan, echen un vistazo a esto:

“El cojo llegó junto a ellos y, cual moderno discóbolo, lanzó el plato a la mesa. Y con notable pericia, dicho sea de paso. Notable, pero no sobresaliente. Cayó el plato sobre la mesa, la chuleta sobre el plato, las patatas sobre la chuleta y dos goterones de grasa sobre la camisa de Evaristo.”

(Atención al cojo, cuya aparición en la lectura me pilló en el metro y temí que los viajeros que me acompañaban en el vagón, se vieran obligados a llamar a un sanatorio mental e internarme).

¿Gazapos?, ¡nada, ni uno! Brillan por su ausencia.

Pero, mira, puestos a tratar de evitar la envidia (que es un pecado capital muy muy muy feo… tanto como pegar a un padre), me empeñé en tratar de hallar coincidencias con mis novelas. Y fíjate que he encontrado varias:

1) El autor comienza su historia narrando capítulos a modo de microrelatos… Ellos van introduciendo al lector en la historia y presentando a los personajes principales. A simple vista, parece que los protagonistas de los mismos, no vayan a coincidir en ningún punto de encuentro con el resto. Pero a partir de uno en particular, la historia se enreda y es donde dejan de ser “micro-relatos” para convertirse en una señora novela.

2) ¿Por qué a ambos se nos ocurrió hacer un guiño literario a “Cumbres Borrascosas”? Claro queee… las comparaciones son odiosas.

Mi guiño (en “Aceptamos marido como animal de compañía”): “El ‘atormentao’ es así, porque así nació y así quiere seguir siendo. Es más, nunca sabremos si es realmente un ‘atormentao’ o si es que es gafe. Delete, delete, delete file from memory. Sal corriendo. ¡Huye del atormentao! Tu vida va a ser algo así como Cumbres Borrascosas en Alcorcón. Y, hasta para vivir un drama, es menester hacerlo con clase.”

Su guiño: “Ni Emily Brontë, el afortunado día en que la musa le susurró al oído el argumento de “Cumbres Borrascosas”, se lanzó a escribir con el vigor y la premura que empleó Hermógenes en aquel momento. Su mano derecha se agitaba sobre el papel como gobernada por un sismógrafo en pleno terremoto.”

3) Ambos hemos decidido, bajo el influjo de una extraña configuración de vaya usted a saber qué astros, reírnos de la muerte. (Yo, en dos novelas y él, de momento, en una)

4) El tipo debe ser un observador nato o tan neurótico como yo al encuadrar los perfiles psicológicos de los personajes. Fielmente descritos. Uno de su padre y el otro de su madre.

Y no me extiendo más. Os la recomiendo 100%. Es una novela divertidísima que se lee en un suspiro y totalmente relajado. Esencial para las vacaciones de Semana Santa o Navidad o Verano… Es decir, cuando tengas mucho tiempo para dedicarle a la familia pero mucha necesidad de evadirte de la misma. E imprescindible para producir endorfinas.

Lo dicho: Quevedo, Lope de Vega, Shakespeare, Arniches, Jardiel Poncela, Muñoz Seca, Antonio Lara (Tono) MURIERON y a Eduardo Mendoza le duele la cabeza… ¡¡Nos queda Miguel Albandoz!!

jueves, 3 de abril de 2014

DEFINICIÓN DE RELACIÓN (o estado civil) EN FACEBOOK ¡Vaya tela!


Estaba pensando yo (que, a veces lo hago) en lo poco determinante y pelín incongruente que es el Facebook para eso de definir, en tu perfil, tu estado civil o tus relaciones.

Porque, digo yo, ¿Qué significa ser o estar “Viudo”?.

Si el señor en cuestión está de “toma pan y moja”, las damas se van a atar los cinturones de seguridad, se van a calzar el casco y el mono y se van a tirar de cabeza a la chepa del susodicho pavo: “¡Pobrecito mío, viudito tan joven y tan jamón!”.

Tal vez convendría especificar “Viudo porque yo lo quise”.

Eso, no sé vosotros, pero yo lo traduciría simultáneamente por un “La maté porque era mía”.

¿O que tal “Viudo y padre de siete criaturitas en busca de asistencia doméstica económica o en tarifa plana las 24 horas del día"?

Vayamos al frecuentado “Casado”. Y eso, ¿qué nos dice? Hoy en día, te encuentras con cientos de hombres apoyados en la barra del bar, cualquier noche de agosto, con una sospechosa marca blanca que forma un arito en la bronceada mano del individuo en cuestión.

¿Qué tal: “Casado, de Rodríguez, que tengo a la santa y a la suegra con los niños en Entrepenes en Asturias”?

¿O “Casado pero no le hago ascos a ná”?

¿O “Casado pero me estoy divorciando”?

¿O, simple y llanamente: “Casado, cansado”?

De todas formas, ya aviso a navegantes: los que han escrito “Casado” en su perfil es porque sus parientas les abrieron la cuenta en Facebook… y, aun así, lo mismo os ocurre lo que a mí que, en cuanto me despisté y volví a meterme en su cuenta, ya no se detallaba estado civil (¡¡Será cabbb…….AZO!!) aunque, claro, no sé de qué me asombro, si dice que no se pone el anillo de casado ¡¡Porque le está pequeño!!. Así que, en verano, no va a lucir la delatadora marquita blanca en el moreno dedo corazón.

También puedes leer, en muchas ocasiones, “Comprometido”… A ver, a ver… comprometido, ¿con qué? ¿Con el medio ambiente? ¿Con Hacienda? ¿Con la hipoteca del piso?

Si nos vamos al “Soltero” yaaa… todo es muy confuso. ¿Soltero y entero? ¿Soltero porque quiero? ¿Soltero porque alguien debió hacerse un zumo con mi media naranja? ¿Soltero porque me plantaron en el altar? ¿Solterón? ¿Feo? ¿Raro de cojones?... Hay muchas lecturas, dependiendo de la edad.

Seguimos con el “Tiene una relación”. Ufff, pero, ¿con quién?: ¿Con los vecinos? ¿Con el del kiosco que le guarda el diario, cada mañana? ¿Con su madre?

Estos, además, suelen ser muy indecisos. En este mes “tienen una relación” y, al mes siguiente, están “solteros”. Si pasado el trimestre, vuelve a aparecer la frase “Tiene una relación”, te dan ganas de preguntar “Pero, ¿es con el/la de antes o es con alguien nuevo?”.

Los magistrales jetas del Facebook son los que te plantan el “Tiene una relación abierta”, ¡vamos, oiga, guarde la compostura, haga usted el favor! ¿De verdad está convencido de que va a picar algún mentecato? Es como alzar una pancarta ondulante al viento que rece “Vas a ser la otra”, “Tengo el corazón grande, el pito desatao y tú lucirás sendos y hermosos cuernos” o “TeVIadepegaL unas venéreas que no se las va a saltar ni un gitano”.

Y yaaaaa, la gibamos cuando nos encontramos el “Tiene una relación complicada”. Eso digo yo, ¡¡eso sí que es complicar las cosas!! ¿Alguien ha aceptado una amistad de una persona que afirma “tener una relación complicada”? En mi humilde opinión, “una relación complicada” se tiene con una oveja (ella, en el campo, él en la ciudad… la postura a adoptar no aparece ni en el Kamasutra…), con un delfín (¿Cómo? ¿Por donde? ¿Y el oxígeno?), con la secretaria a la que quieres BAJAR las bragas pero lo que tienes es que BAJARle el sueldo o... ¡Con la suegra!

Lo que sí sería concluyente sería aplicar una descripción interactiva al elemento que cambie su estado civil más de diez veces en el año, publicando directamente “INESTABLE EMOCIONAL”, “BIPOLAR” o “RECIÉN ESCAPADO DEL CIEMPOZUELOS”.

Se admiten opiniones, opciones y otras apuestas. Ea, abrimos tema de debate.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Reseña literaria de "Un asesinato algo embarazoso" de C. Pérez de Tudela

Sinopsis:
Aunque todo indicaba que moriría sola y devorada por su gata, Daphne se ha casado y su soltería se ha borrado de un plumazo. Ahora trabaja en la televisión, tiene su propio programa de radio y aún escribe para la revista In Style. Todo ha cambiado salvo una cosa: Sigue siendo un completo desastre.

Su vida se pone del revés, una vez más, cuando se entera de que van a rodar una película sobre la bochornosa aventura que protagonizó en el pasado. A la vez, el asesinato de una top model y un enigmático personaje llamado Tiechris vuelven a situarla en el centro de una investigación policial. Y aunque la cadena de crímenes parece estar relacionada con la película, la aparición de la actriz Lindsay Sloane dándole vida en la ficción y la de Kathleen Tramell, una misteriosa escritora de novelas de intriga, complicarán aún más su resolución. De nuevo Daphne se verá obligada a investigar junto a sus amigos el que será el caso más complicado de su carrera.

Además descubrirá que está embarazada. Y así, con las hormonas revolucionadas, el peso por las nubes y un humor de perros, deberá darle caza al asesino antes de que mate a una nueva víctima.

Autor:
Carlos Juan Pérez de Tudela es toda una caja de sorpresas. Un VAÚL DE LA PIQUER!!!.
Para que os hagáis una pequeña (ligerísima) idea del humor que tiene este hombre, en mi último encuentro con él, sufrimos un incidente realmente grave (os lo juro por mi muro)… de ese tipo de sucedidos en los que sueles decir: “Algún día nos reiremos de esto”. Bien, pues… cuarto de hora más tarde, ya nos estábamos mondando de la risa.
En definitiva, es de los míos: “si nos podemos reír ahora mismo, ¿para qué vamos a esperar más?”.

Diplomado en Criminología con Máster en Psicología Conductual por la Universidad Miguel de Cervantes de Barcelona. Autor de “Disparatado Asesinato en el Upper East Side” (primer autor varón que escribió un chick lit en España) y co-autor (junto a Anna Flores y Marc de Jaime) de “Mindcoaching elementalMENTE”

Mi opinión:
El autor, claramente, ha madurado como tal. Si bien en la primera parte de esta trilogía (sí, ya se ha dicho: va a ser trilogía) cometía algún que otro error ortotipográfico, ortográfico o incluso gramatical, en esta ocasión Pérez de Tudela ha adquirido mucha más soltura y un más esmerado estilo. Eso es evidente desde la primera página. (Algún error hay… pero apenas lo notas y, al final de la presente os haré saber por qué no me da la gana de citarlos).

En paralelo, ha hecho madurar a su protagonista sin perder ápice de su peculiar modo de ser. Daphne ha abandonado su papel de solterona amargada para ser una exitosa comunicadora (en radio y televisión), amante e insegura esposa y tortuosa e indecisa futura madre y esto le hace ser mucho más divertida y ocurrente que en la primera entrega.

Si, en la primera parte, las mujeres nos quedamos boquiabiertas con todo lo que un señor podía saber al respecto de lo que nos ocurre a las señoras en época menstrual… ¡Ya no os digo lo mucho que sabe sobre embarazos! Y lo bien que documenta Nueva York que parece que haya estado viviendo allí una larga temporada. Es todo un investigador y un buen documentalista.

La trama también ha ganado en intriga. El autor recurre a hacer un guiño literario a Agatha Christie y a su novela “Diez negritos” y, a la vez, te hace recordar a “Asesinato en el Orient Express” (por aquello del “entre todos la mataron y ella sola se murió”, (en ese caso, él, ya que se trataba de Samuel Ratchett) porque, en cada capítulo, sospechas de todos y cada uno de los personajes y no te enteras de quien es el verdadero criminal casi hasta la última página, (bueno, exactamente entre las quince páginas finales).

Todo esto y el que, a cada dos por tres, te mondes de la risa con las situaciones en las que ella solita se mete (aún me la imagino escondida en una cámara refrigerada para cadáveres, tratando de explicar a su amiga Ashley que necesitaba ayuda) ya es un todo un éxito como literatura de humor.

Habrá quien critique negativamente el que se incluyan todas estas escenas cómicas en mitad de una intriga, ya que las encontrarán “entorpeciendo o desviando la trama principal” pero, os lo aseguro, a mí me resultan refrescantes y desestresantes precisamente de eso, de tanto misterio. Y, a la vez, muy descriptivas del perfil psicológico de la protagonista. ¿Por qué, quién, en su sano juicio, si no es ella, en uno de los peores momentos de su existencia, puede pensar del modo que describo a continuación?:

“¡Caray la que está liando ella solita! Esto parece el final de “Titanic”, un momento lacrimógeno y racionalmente absurdo a más no poder. La diferencia es que aquí la gorda soy yo.
«¡En ese tablón cabían dos!», pienso recordando el final de la película.”

Es, como siempre he dicho que somos las mujeres. Empezamos un tema, lo enlazamos con otro totalmente distinto…, a mitad del camino nos acordamos de otro detalle y luego terminamos el segundo asunto abordado; tras éste, el primero y ya no nos acordábamos de qué queríamos decir con el tercero. Pero una buena amiga, siempre te lo recuerda y somos capaces de sacar la conclusión. Un hombre, evidentemente, es imposible que nos siga. Y esta chica (Daphne) no para con su diarrea mental.

Otro punto a favor de la novela es el resto de personajes secundarios: (Marion, Josh, Billy…) Todos ellos muy definidos psicológicamente. Esto me encanta. Puedes saber quién es el que está hablando en cualquier momento de un diálogo sin que el autor te aclare de quién se trata en la acotación. Y, entre todos, el valor añadido: ¡¡Ashley también ha madurado pero es…, si cabe, AÚN MÁS TONTA!! Y no puedes evitar despepitarte de risa cada vez que interviene en una escena.


Los puntos negativos ya se los dije al autor y espero que los corrija en la segunda edición. Así que no os pienso cortar el rollo porque, ya sabéis, que cuando encuentro algo bueno que compartir, me gusta compartirlo con todos. Y este libro os va a hacer pasar un muy buen rato leyéndolo sin prejuicios. Indispensable en vuestra estantería.